viernes, 28 de junio de 2019

El juez catedrático que nunca pierde la paciencia

Roberto Tejeira, el presidente del Tribunal en el emblemático juicio contra el expresidente Ricardo Martinelli debe mediar entre dos poderes que chocan constantemente. Momentos en que parece adoptar un rol de profesor sobre el manejo del Sistema Penal Acusatorio

Si hay algo que tiene el juez Roberto Tejeira, presidente del Tribunal de Juicio, que conoce del caso contra el expresidente Ricardo Martinelli por los delitos contra la inviolabilidad del secreto y el derecho a la intimidad y contra la administración pública en diferentes formas de peculado, es paciencia.

Como presidente del Tribunal en el que le acompañan los jueces Arlene Caballero y Raúl Vergara, Tejeira parece tener claro que debe dirigir un enfrentamiento entre dos teorías diametralmente opuestas. Por tanto, es evidente que existen choques de trenes en ciertos momentos en los cuales se debe aplicar la técnica y sustento para evitar que se transformen en confrontaciones callejeras.

En este contexto, tiene la ardua tarea de mediar entre el Ministerio Público, compuesto por un equipo de cinco fiscales, y la defensa, integrada por otros cinco abogados. Se trata de un caso inédito en la historia judicial de la República de Panamá, porque además se desarrolla bajo el Sistema Penal Acusatorio que rige en la capital desde septiembre de 2016, y el cual Tejeira domina como pocos en el ramo.

Desde que inició el juicio oral el 12 de marzo pasado, a la fecha, Tejeira se ha visto obligado a adoptar un rol de docente en las sesiones. Esto sucede con frecuencia cuando recuerda a los fiscales que las formalidades del Juicio Oral, requieren precisamente sentar las bases en oralidad por parte de los testigos o peritos, para poder introducir las evidencias y practicar las pruebas que aparecen en el auto de apertura a juicio.

Por eso, durante las sesiones, es común escuchar cuando se dirige a los fiscales: “recuerde la técnica para introducir la evidencia”, o, “aún no ha sentado las bases para este ejercicio”.

El pasado 11 de abril, repitió esa frase más de una docena de veces durante la sesión cuando la fiscalía pretendía que el perito informático Luis Rivera Calles, uno de los testigos más importantes de la fiscalía, debía introducir bajo oralidad varios dispositivos para poder reproducir su contenido en la sesión.

"El testigo ha hecho referencia a información contenida de esos dos discos compactos que están ahí, él tiene que saber si lo que él selló está ahí", indicó el juzgador

Los discos compactos forman una de las columnas principales de la teoría del caso de la fiscalía, pues contienen la información extraída del correo electrónico que guardaba las conversaciones e imágenes que evidencian los pinchazos.

Ese día el Tribunal decidió no valorar como evidencia ninguna -- o informe si no provenía de la oralidad. Entre ellas incluyó 7 cuadernillos que contienen la información sensitiva con la transcripción, que consiste en 3,200 páginas, de todas las intervenciones telefónicas. "El testigo debe oralizarlo", enfatizó Tejeira, y añadió que al haber efectuado dichas diligencias, él debía narrarlas al Tribunal.

Lo anterior provocó que la Fiscalía calificara su actuación como ‘cerrada’.

En la audiencia del pasado viernes, al aclarar un término empleado en una de sus explicaciones, aprovechó para aludir a la fiscalía el desorden con el que se presentaron las pruebas en el juicio. Como ejemplo, recordó que en una ocasión se intentó introducir dos discos compactos cuando el perito había identificado solamente uno. El segundo se trataba de una copia del primero.

En repetidas ocasiones, y antes de ejecutar un ejercicio, él mismo recomienda a la fiscalía como organizar la mecánica que se debe emplear en cada prueba.

Tampoco escatima al recordar a la defensa, las veces que sea necesario, que debe contener sus reclamos ante las actuaciones de la fiscalía para cuando llegue el turno de aplicar el contra interrogatorio, pues cada vez que insiste en un punto determinado, advierte a la contraparte el contenido del mismo debilitando su actuación.

En el desarrollo de las sesiones, el juez anota con detenimiento los detalles de las preguntas y respuestas que otorga la persona que está siendo interrogada para luego definir las objeciones que arguyen las partes. Es común verlo revisar sus apuntes para corroborar si el declarante respondió o no a las preguntas formuladas y pronunciar con certeza: "al lugar", o "no al lugar", cuando resuelve las objeciones de las partes.

Tejeira escucha con atención a los interlocutores sin interrumpir cada uno de los alegatos, en ocasiones con contenidos estériles, alejados de la temática del juicio.

El viernes pasado por la tarde su serenidad estuvo a prueba cuando al retomar la sesión, el fiscal Aurelio Vásquez denunció que uno de los abogados de la defensa, Iván Gantes, le había tomado fotos a él y a sus escoltas en los pasillos del recinto, a sabiendas que el uso de celulares está prohibido en esta zona y dentro de las salas de audiencia. De lo anterior había sido testigo el supervisor de seguridad de apellido Melo.

Lo dicho por el fiscal motivó al juez a llamar al supervisor de seguridad a la sala de audiencia para indagar sobre el hecho.

"Yo lo vi cuando tomó una última foto y le pedí que la borrara pero guardó el teléfono. Le pedí que me lo enseñara su celular pero no me lo quiso mostrar y se fue", atestiguó el seguridad.

Tejeira resolvió el incidente solicitando a los presentes que cumplan las reglas, de paso ordenó a la defensa que comunique a Gantes de borrar la imagen en su móvil.

Cuando el juez pensó que el suceso había sido subsanado, el abogado de la defensa Alfredo Vallarino tomó la palabra y denunció que desde el inicio del caso el personal del Consejo de Seguridad ha dado seguimiento a él y a su colega de la defensa Jessica Canto. "Hemos tenido vigilancia y seguimiento en mi casa, caminan detrás de nosotros cuando salimos, cuando llegamos al restaurante gente que no conocemos (y que asumen se trata de agentes que laboran en el Consejo de Seguridad)”, pronunció el abogado.

El jurista hizo alusión, sin señalar o decir nombres, a uno d elos presentes en el público.

Se refería a un joven que se sentaba en las filas del público y que vestía camisa naranja, el cual en un receso previo, el expresidente Martinelli había señaló de pertenecer al personal del Consejo de Seguridad.

El reclamo de Vallarino, causó que el fiscal Vásquez revelara que el joven formaba parte de la escolta y que pertenecía a la Policía Nacional.

El juez, después de haber escuchado a cada una de las partes por casi media hora, sin interrumpir sus quejas, dio un ejemplo de sencillez. “Yo no traigo escoltas al salón de audiencias para me cuide. En mi casa no cambio las cerraduras, así como tampoco cambio de carro. Este es un juicio y yo estoy administrando justicia", exclamó.

Sus palabras arrancaron aplausos del público que estaba sentado en las últimas filas del salón.

A continuación comentó que no sabía quién es la persona que se para detrás de la puerta de vidrio por la que entra al salón de audiencias cada día, refiriéndose -sin saberlo- al escolta del testigo protegido. "Esas situaciones se deben consultar con el Tribunal", reclamó el juez a la fiscalía.

Seguidamente recomendó una vez más a las partes manejarse en buenos términos y con lealtad procesal para poder avanzar en el desarrollo del juicio que inició en marzo, y que ha evacuado a 6 de más de 70 testigos que aún faltan por comparecer.

Una vez concluido lo anterior, Tejeira se ocupó de dirimir diferencias entre las partes por una copias que había solicitado la defensa a la Fiscalía, lo que ocupó 10 minutos más.

Son pocas las veces en que el juez emplea el mallete para poner orden en la sala. Los momentos en que lo usa suele dar unos dos o tres golpes representativos para recuperar la tranquilidad en la sala.

Antes de esto prefiere escuchar detenidamente a las partes, hacer señas con sus manos carnosas para dirigirse a su interlocutor, o con alguna seña dejar claro que se encuentra ilustrado para emitir concepto. A veces basta una simple mirada para hacer saber su posición.

La única vez que su paciencia llegó al límite fue el 22 de abril, cuando se registró una fuerte discusión entre Carlos Herrera Moran, abogado querellante; y Ronier Ortiz, defensor de Martinelli. Esa vez rompió el martillo en dos pedazos.

Todo surgió cuando el médico del Sistema Penitenciario intentó sustentar un primer diagnóstico emitido por el médico del Hospital Santo Tomás, y tuvieron que darle agua.

Fue cuando Herrera Morán susurró que el médico estaba más enfermo que el reo, lo que sacó de casillas a uno de los abogados de la defensa y el juez intervino pidiendo orden en la sala. Tejeira imprimió su poder y autoridad de tal forma que el mazo se quebró dejando en claro que de ese tema no se hablaba más.

Si alguien tenía dudas sobre la firmeza que reviste en el proceso, este hecho le dio la respuesta.

Su presencia como Presidente del Juicio es cosa del azar. Surgió del sorteo acostumbrado que realiza la Segunda Oficina Judicial de Panamá que designó además a los jueces que el acompañan en el Tribunal.

Al conocer su suerte, presentó una manifestación de impedimento por haber sido vicegobernador de la provincia de Panamá, durante la gestión de Mayín Correa, en el período del exmandatario Martinelli (2009 - 2014). Y además por actuar como secretario general y vicegobernador de Panamá. Pero el Tribunal de Apelaciones del Primer Distrito Judicial no admitió las recusaciones contra él y sus dos compañeros. Además de su impedimento, los tres integrantes contaban con recusaciones de las víctimas y de los abogados de la defensa por distintos motivos. Las decisiones del Tribunal han sido amparadas en tres ocasiones por la defensa y una vez por la fiscalía.


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