lunes, 17 de noviembre de 2014

Vic revela el secreto que ha guardado dos años en el caso Vernon Ramos

El entonces procurador José Ayú Prado le dijo a Vic que Vernon estaba muerto

Víctor ‘Vic’ Ramos, hermano de Vernon Ramos, desaparecido hace dos años, habla por primera vez y revela algunos temas que ha mantenido en secreto, a la espera de que las autoridades dieran respuesta sobre el paradero de quien laboraba como oficial de Supervisión en la Superintendencia de Mercado de Valores (SMV).

Las publicaciones de La Estrella de Panamá, en las que se desvelaba la telaraña de poder vinculada al caso que Vernon investigaba antes de su desaparición y las influencias que impidieron una adecuada investigación sobre el desfalco y manejos irregulares en la casa de valores Financial Pacific, motivaron a Vic a contar esta dolorosa confidencia.

‘TU HERMANO ESTÁ MUERTO’
Habían transcurrido dos semanas desde aquel 16 de noviembre de 2012 y era como si a Vernon se lo hubiera tragado la tierra. No había noticias de él; la Policía no tenía ni una tesis de lo que le podía haber ocurrido.

Ante esta situación, Vic tomó la decisión de publicar la foto de su hermano en los medios de comunicación.

A Vic lo unía una amistad con el entonces procurador y hoy presidente de la Corte Suprema de Justicia, José Ayú Prado. Ambos nacieron en la provincia de Colón. Además, con los años, Vic había ido siguiendo la carrera de su amigo en el Ministerio Público, a medida que éste llegaba a la más alta posición.

Ante la falta de respuestas de la Policía, Vic solicitó a Ayú Prado un censo penitenciario para descartar que su hermano estuviera por equivocación en la cárcel.

A inicios de diciembre, ya desesperado por descifrar qué le había ocurrido a su hermano, Vic se acercó a la oficina del entonces procurador para conocer los resultados del informe, confiando plenamente en la experiencia adquirida por aquel como exdirector de la entonces Policía Técnica Judicial.
—Qué crees que haya pasado con Vernon—, le preguntó Vic.
—Tu hermano está muerto—, respondió Ayú Prado, lo que a Vic le cayó como un puñal en el corazón. Pero el procurador insistió:
—Está muerto y en el baúl de algún carro viejo—, dijo.
— Pero, ¿por qué me hablas así? ¿Esto es una certeza o una especulación?—, inquirió el dibujante, desencajado.
—No; es lo que pienso yo, porque nadie se desaparece así de su familia y de su madre enferma, a menos que sea un desgraciado o que esté muerto—, le dijo Ayú Prado.

Vic se quedó perplejo. He lado. No supo qué decir. La relación de amistad que había entre ambos, aunado al cargo que tenía su amigo, un puesto que le permitía conocer información privilegiada, de inteligencia, lo confundían más. No sabía si lo decía en serio o especulaba.

‘Se me salió una lágrima’, recuerda Vic, pero en aquel momento se dijo: ‘No puedo creer que sea así; si hay un muerto, ¿dónde está el cuerpo?’, pensó.

Después de la amarga charla, Vic, aún más desorientado, pasó a la oficina contigua, en donde un funcionario le comunicó que su hermano tampoco estaba en la cárcel, ni siquiera por equivocación.

‘No paré de pensar en las palabras de Ayú Prado’, rememora Vic. Era la primera vez que le decían de golpe algo tan trágico sobre el destino de su hermano.

La familia sentía una inmensa frustración por los pocos avances de la búsqueda, lo que se sumaba a un sentimiento de culpa para Vic, por no haber prestado la debida atención a ciertas alertas, sobre todo algunos comportamientos que había mostrado la semana en que desapareció.

El domingo, lo había llamado por teléfono muy angustiado; gritaba que se iba a la mierda, que estaba metido en un lío grande. Después le pidió a Vic que se encargase del cuidado de su madre, porque él, Vernon, no iba a poder atenderla. Y tres o cuatro meses antes del suceso, Vernon le había comentado su preocupación porque ‘su jefe tenía un problema’, a la vez que le mostraba un diario que publicaba sobre la intervención de Financial Pacific.

Al día siguiente, Vic decidió llamar a Ayú Prado para aclarar la conversación sostenida. Entonces, el mismo hombre que un día antes le había dicho, certero y convencido, que su hermano estaba muerto, corrigió.

‘Esta vez me dijo que se trataba de un supuesto’, contó Vic, sentado en el taller donde dibuja sus caricaturas. ‘Entonces me confundí; no sabía si la primera declaración de Ayú Prado estaba motivada en algo que sabía y no me quería decir. Me parecía que había algo que me estaba ocultando’, recuerda Vic.

—¿Es algo que no me quieres decir directamente?—, le preguntó Vic por teléfono.
—No, no—, contestó el entonces procurador.

‘Con Ayú Prado no he dejado de hablar, incluso ahora, después de aquel incidente’, aclara Vic.
Pero recientemente, tras leer las recientes publicaciones de La Estrella de Panamá, en las que se revela la supuesta injerencia de Ayú Prado en el caso Financial, lo llamó para reclamarle su actuación. ‘Le pregunté si acaso estaba yo durmiendo con el enemigo’, dice angustiado el hermano del desaparecido. Ante esta recriminación, Ayú Prado respondió que cualquiera que leyera las notas periodísticas percibiría que él era un demonio, pero que ‘no era así’.

‘BUSCA EN LA MORGUE’
A los pocos días de la desaparición de su hermano, Vic contrató los servicios de un detective privado. Al profesional se le informó sobre las actividades de Vernon; su trabajo; la gente que lo rodeaba; sus jefes; investigaciones, etc. El investigador se tomó la tarea de conocer el pasado de cada uno de ellos.

‘De una vez conectó la desaparición de Vernon con el caso Financial Pacific’, explica Vic. Al detective también le pareció importante que las autoridades investigaran a Ignacio Fábrega De Obarrio, jefe directo de Vernon, con quien había sostenido una ácida discusión el día de su desaparición. Según Vic, al detective también le había llamado la atención el pasado de Fábrega, supuestamente relacionado con el crimen organizado, y exempleado del Banco Universal, entidad que había colapsado dejando un hueco de cincuenta millones de dólares.

‘Al acercarnos a Fábrega, éste se portó muy pesado; hizo chistes malos’, dice Vic. ‘Cuando le pedimos su cooperación para continuar con las investigaciones, nos sugirió que Vernon se había ido con otra mujer. Fue un chiste de muy mal gusto’, señala Vic.

Al día siguiente, un sábado, la familia amaneció en la Dirección de Investigación Judicial para poner la denuncia de la ausencia de Vernon. Entonces sonó el celular del desaparecido. Sabina, la esposa de Vernon, le pasó el aparato a Vic para que respondiera. En la pantalla del teléfono se leía: Fábrega. Vic contestó:
—Aló
Al otro lado, la voz de un hombre preguntaba por Vernon.
—No habla Vernon, soy yo, Vic, su hermano.
—¿Han sabido algo de Vernon?—, preguntó Fábrega.
—No, todavía no—, replicó Vic.
—¿Sabes si se llevó su cédula?—, cuestionó Fábrega.
—No sé—, dijo Vic.

Semanas después, cuando Vic se enteró de que la cédula era el único documento de Vernon que no había aparecido, recordó con curiosidad que Fábrega lo sabía al día siguiente de su desaparición.
—Mira, te recomiendo que busques en la morgue—, le dijo Fábrega.
—¡Dios!, qué recomendación tan tétrica me estás dando. ¿Por qué tan poca esperanza?—, le reclamó Vic a Fábrega.

Éste le contestó que solo le estaba dando un consejo.
—‘Busca ahí’—, le insistió el jefe de su hermano.

‘¡Qué chocante!’, comenta Vic, al momento de la entrevista con La Estrella de Panamá. ‘Imagínate que Fábrega me dijo que tenía una relación excelente con Vernon’, añadió.

ALGUNAS DUDAS
¿Es posible que algunos tuvieran la intención de hacer creer a la familia Ramos que Vernon estaba muerto para que desistiesen de su búsqueda? ¿Qué más callaron en relación al caso?

Pero tanto la recomendación del detective privado, como la curiosa pregunta de Fábrega sobre la cédula de Vernon y su dramática recomendación de que buscaran en la morgue, pasaron desapercibidos para la Policía. En un principio, las autoridades tampoco conectaron la desaparición de Vernon con el caso Financial Pacific. Ambos expedientes fueron tratados por separado. En dos años, el expediente ha pasado por las manos de cuatro fiscales, y ninguno tiene una teoría ni —al menos oficialmente—, la más mínima idea de lo que pudo ocurrir a Vernon. La última diligencia la realizó la Fiscalía en diciembre de 2013, cuando se efectuó una búsqueda en la provincia de Darién porque, ‘supuestamente la Fiscalía tenía información que daría pistas sobre su suerte’.

Las autoridades han mantenido un silencio judicial extraordinario; pocas han sido las inspecciones de búsqueda intensa efectuadas por la Policía o la Fiscalía del caso. Hasta hace un par de meses, el caso de Vernon Ramos se consideró como un apéndice o hecho correlacionado al de Financial Pacific. El documento permanece en la Fiscalía Contra la Delincuencia Organizada, a cargo del fiscal Roberto Moreno, quien solicitó a los tribunales más tiempo para la investigación.

EL SUPERINTENDENTE
Según Vic, Alejandro Abood, superintendente de la SMV, jefe superior de Vernon, no fue muy condescendiente con Sabina, la esposa de Vernon. ‘No le dieron el último cheque de Vernon’, se queja ahora Vic. Abood decía que Ignacio ‘Nacho’ Fábrega, era un tipo bonachón, recuerda también Vic. Agrega que él cree que Abood ‘no se daba cuenta de quién era Nacho Fábrega’. Pero insiste en que algo pasó en aquella reunión del viernes por la mañana. A Vic le llamó la atención la forma tan ‘normal’ como Fábrega había asumido la desaparición de Vernon.

De acuerdo con el relato de Vic, Vernon debía entregar a la Fiscalía un informe sobre Financial Pacific, pero desapareció antes de hacerlo. Ahora, él no sabe dónde quedó este informe ni tampoco dónde quedó su hermano.

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