viernes, 24 de mayo de 2013

La justicia norteamericana también tiene sus vacíos, y son mortales

Un reciente estudio del Centro Internacional de la Pena de Muerte, (DPIC), revela que en las cárceles norteamericanas recibir una condena de pena de muerte puede ser tan aleatorio como que le caiga un rayo a alguien.

¿A qué se refiere?
El documento hace un análisis de los 35 años después del restablecimiento de la pena de muerte y explica que incluso la visión de sus más sólidos partidarios ha cambiado en estos días.  La razón de esta nueva óptica responde a razones  dramáticas; la pena de muerte no se esta aplicando de manera justa para todos.

A lo largo de esta historia, mas de 140 convictos que habían sido sentenciados a muerte,  demostraron  eran inocentes y que la justicia tenía inconsistencias en sus expedientes, o que su ADN no el del homicida,  etc.

Sin embargo, el problema es mucho mas hondo que eso.  El informe cuestiona dos frases fundamentales; quién ejecuta? quién está a salvo?.  Y hace estas preguntas basado en casos en que los peores delincuentes a menudo han evitado la pena de muerte, en comparación de otros que la esperan.  Un ejemplo es el del asesino en serie Gary Ridway, quien se declaró culpable de matar 48 personas en Washington, y se salvó de la pena de muerte a cambio de confesiones detalladas sobre sus víctimas.

En EU ejecutan aproximadamente a 15 mil muertes al año.  Pero una de cada 326 asesinatos puede llegar a ser impredecible por algunas variables; si el convicto es negro, si el delito lo hizo en un Estado determinado, o si tiene dinero.

Los acusados cuyas víctimas  son blancas, por ejemplo,  tienen mucha mas probabilidad de recibir la pena de muerte que si la víctima es negra.  Si nació en un municipio relativamente pequeño y en un Estado donde hay pena de muerte. Otro de los factores mas importantes es si cuentan o no con dinero para pagar un abogado privado, ya que los que otorga el sistema trabajan a manos llenas y no ponen la suficiente atención a los casos. Además dos tercios de las apelaciones se revocan en casación.

Estas estadísticas deberían alentar al sistema judicial norteamericano a reflexionar acerca de lo peor que ocurre en sentencias de esta naturaleza, después de todo, una vez muerta la persona no hay quien le haga justicia, ¿o si?

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