lunes, 8 de abril de 2013

Genio y figura, hasta la sepultura

Saristisima irradiaba una imagen seductora que se acentuaba aún mas con un símbolo masculino que no quitaba de su boca, el puro. Un contraste que Freud encajonaría como una fijación en la etapa oral pero que era capaz de seducir sin asco al sexo opuesto. Con ella se hizo cada vez mas famosa aquella canción "fumando espero al hombre que yo quiero" que complementaban esos labios color carmín y un cuerpo torneado lleno de encantos.

Una artista completa que aceptaba sin tapujos haber brincado bastante, refiriéndose a las relaciones íntimas y amores que había tenido en su vida, pero aclaraba nunca como prostituta. La larga lista la encabezan entre otros, el poeta León Felipe, el cineasta Mario Camus, y Ernest Hemingway de quien adoptó la afición de fumar puros, un sello que la caracterizó para el resto de su vida. No era motivo de bochorno para la actriz aceptar sus numerosas conquistas; "si repasase la lista entera estaría aquí hasta pasado mañana" pronunció en una ocasión, un agasajo para la prensa rosa que la puso en las tapas de las mejores revistas y programas audiovisuales, historias que además adornaban sus joyas, cirugías estéticas, vestuario etc, era todo un personaje.

La sensual mujer tomó ventajas de varias otras actrices que recorren el mismo camino de fama, su llama no se apagó a pesar de que ese es un mundo donde las estrellas suelen brillar de forma fugaz, pero Sarita hasta sus 85 años se le veía maquillada, arreglada y haciendo gala a la mejor de las vanidades femeninas y de la fama.

Pocos la conocían por su verdadero nombre, María Antonia Alejandra Vicenta Abad, cuya infancia estuvo marcada por el sufrimiento; a los dos años fue testigo de una crisis de salud de su madre. Saritisima narró que en aquella ocasión esperaba ver como metían a su madre en la caja (féretro),  pensando que había muerto, sin embargo, misteriosamente la señora reaccionó y despertó para vivir 60 años más.

El episodio marcó su infancia y mas adelante otro capítulo le llevó por el camino que la hiciera inmortal, la actuación. Participó en un concurso de ésta índole a los 15 años, certamen que descubrió una actriz juvenil, al llevarse el premio catapultó su carrera en el cine con su primera cinta "Te quiero para mi". La única película donde apareció con su nombre real, en las demás decidió que su apelativo sería Sara en honor a su abuela y Montiel por los campos de Montiel en su tierra natal. Desde ese momento selló su personalidad en el cine no solo con su carácter, sino con su belleza que cautivaba al público y la consagraba en España.

Sara empezó a mostrar su seducción y debilidad por el sexo opuesto con un personaje de villana en la película "locura de amor", ahí nació un amor apasionado con Severo Ochoa quien le llevaba mas de 20 años de edad, y cuya relación no era del agrado de la mamá de Sara, pues Ochoa era casado. Se podría decir que Sarita prefería a los hombres mas maduritos.

En la época de la dictadura de Franco se refugió en México, país que la acogió como propia, y ganó el cariño del público entero. Ahí filmó "furia roja", película que arruinó sus planes para dar el salto a Hollywood porque el filme resultó un fracaso. En vista de la situación Sarita permaneció en ese país e hizo tres películas con el ídolo de México, Pedro Infante una de ellas "necesito dinero". Sarita definía a Pedro como muy "charachero" o muy gitano. Se dice que en una de esas escenas románticas que interpretaban ambos artistas, cuando Pedro terminó de besar a Sarita se echó a un lado, escupió y se limpió la boca evidenciando el mal aliento de la bella mujer. Un cuadro desagradable que ponía de manifiesto los hábitos higiénicos de la actriz.

Con todo y mal aliento, las películas que trabajó a lado de Pedro Infante la hicieron muy famosa en tierra Azteca.

Lo que debía ser un handicap, su belleza, para Sarita muchas veces resultó una indignación que le motivó reacciones inesperadas. En una ocasión dijo; "Que handicap tengo yo, coño, por la belleza física. La crítica siempre decía que era preciosísima pero nada de mi actuación".

Pero aunque al principio a Montiel le tocó probar amargo, mas adelante su trayectoria fue reconocida con varios premios; fue galardonada con la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, ésta última hace uno tres años. Gala de estos merecidos reconocimientos lo hicieron por ejemplo una de las películas mas taquilleras "El último cuplé" que permaneció en taquilla por mas de un año con recaudaciones que rebasaron todas las expectativas de la época (1957) que alcanzaron mas de 50 millones de pesetas de aquel entonces.  Aunque sin duda la película que mas gustó al público y que la hizo aún mas emblemática fue "La violetera", la interpretación de esta canción fue un hitazo en todas las radioemisoras.

Mas tarde logró su sueño, y sedujo a Hollywood siendo la única artista española en poder pisar la meca del cine norteamericano. En esta plataforma se enamoró de su primer marido, el directo Anthony Mann, aunque las malas lenguas hablaban de un romance como de película con James Dean quien falleció en un fatídico accidente en el que supuestamente ella lo acompañaría.

A Sarita no le temblaba la boca para hablar y soltar sus pensamientos, incluso para sentarse frente a un periodista y seducirlo con sus labios que sujetaban un puro en plena entrevista sin importar que ésta se realizara en el estudio donde está terminantemente prohibido fumar, pero por ser ella se le otorgaban ciertas consideraciones.

Así era Sarita, la mejor interpretación de genio y figura, hasta la sepultura.

2 comentarios:

  1. A Sarita Montiel la trajo el General Torrijos a Panamá varias veces y los dos estaban muy bien identificados y tuvieron una relación bastante íntima donde intercambiaban ideas de lo que era el mundo. Ella asesoró mucho a OMAR y a él le gustaba de muchos años y la llegó a traer y se quedaba por largos tiempos en Panamá como tambien en varios países. Una personalidad impresionante y ella le llamaba "al pan pan y al vino vino" bien golpedo hablaba en ocasiones.

    ResponderEliminar
  2. A los hombres les gusta la mierda, como a los cochis, y a Sara todo le olia a porqueria.

    ResponderEliminar