lunes, 28 de marzo de 2011

Huele a podrido...


El sistema judicial atraviesa por otro de sus peores momentos.  Escuchar escándalos sobre interferencia en los poderes del Estado ya no parece alarmar a nadie, y de igual forma, pocos son los que hacen algo por adecentarlo. Por donde uno aprieta uno sale pus.

Pareciera que el rumbo del sistema se encuentra concentrado pocas cabezas que tienen el poder para decidir, actuar, condenar, o resolver los casos sin reclamo alguno.  Una bomba de tiempo a punto de explotar.  Además, la sociedad parece no evolucionar con respecto a los chismes o arreglos de puestos de magistraturas, fiscalías, asesorías, suplencias etc.  Puestos que requieren de academia y sentido común para ejercerse,  se adjudican por amiguismo o por pago de favores, tal vez para cubrir las espaldas.

Las denuncias presentadas recientemente deben recibir un trato serio, de investigación digna por parte de los diputados nacionales, pues archivarlas solo frustra el sentido de participación ciudadana en mejorar la función pública y resta así, credibilidad a las instituciones.  Este tipo de conductas reafirman la falta de transparencia y rendición de cuentas de los funcionarios y la concentración de poder que, a pesar de la hipócrita frase que a menudo reiteran los políticos sobre la  existencia de separación de poderes, los hechos muestran lo contrario.

Escuchar que Mengano le prometió el puesto a Fulano a cambio de ciertos favores no hace mas que confirmar la inmadurez cívica, humana, y social en que vivimos.  Lo peor es que no se ve luz al final del camino y la cosa se hincha cada vez mas sin calcular las consecuencias.

En cualquier país serio se esperaría una pesquisa por parte de la Asamblea Nacional para investigar las graves denuncias publicadas.  ¿Cómo es posible que estemos a merced de casos “fabricados” con testigos protegidos inventados, o que escuchemos que al ex procurador encargado su propio fiscal de drogas le “metió un carro preñado de droga”? Peor aún, ¿cómo es posible que estos casos pasen desapercibidos y que quienes deben ponerse los pantalones los cataloguen de chismes sin antes haber valorado los hechos?
Las coincidencias muestran una clara ingerencia del ejecutivo en los poderes del Estado, que  aunque los anteriores se den golpes de pecho,  no es exclusivo de este gobierno, la interferencia es de vieja data y se ha vuelto una costumbre enquistada con aires de normalidad.

No podemos continuar en un Estado de borreguismo, de simpatía temporal en detrimento de todo un sistema. De seguir a este ritmo, podríamos esperar un escenario parecido al de otras latitudes, como la Africana donde las masas despiertan del letargo en el que vivían sometidas desde hace varias décadas.

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