miércoles, 27 de noviembre de 2013

Más que narcos

Quienes piensan que la droga es el principal factor de la presencia de los grupos criminales en Panamá, se equivocan.

La delincuencia organizada mexicana y la colombiana se dedica a 23 tipos de delitos, los mexicanos ejecutan 22 de estos; aunque no hubiera droga, los grupos criminales emplearían otro tipo de fechorías con el fin de lograr sus propósitos económicos y de dominio, y habría para escoger: la piratería, el contrabando, la extorsión, el secuestro, la trata de personas, de órganos, todo lo que dé plata.

La droga, no obstante, es una de las dos transgresiones más importantes; los grupos criminales mexicanos derivan entre un 45% del negocio de las drogas, y una porción igual por contrabando, piratería y extorsión.

El mejor ejemplo de lo que nos pudiera pasar a los países de Centroamérica es lo que está pasando en México; ‘un Estado fallido en donde evidentemente hay territorios en manos del crimen organizado donde nadie quiere ser fiscal o alcalde. El que se mete a la política y no ‘transa’ con los carteles no tiene supervivencia’, asegura Anastacio Rodríguez, catedrático del Diplomado en Seguridad Ciudadana de la Universidad de Panamá. Pero ya no basta con trasegar, el experto tiene una preocupación extra: ‘ahora apuestan a gobernar’, dice Rodríguez. Es un elemento que cambia el panorama porque tradicionalmente Panamá era un puente para el tráfico, pero ‘ahora apuestan a tener el poder político y flexibilizar leyes, tener contactos, acceso a los estamentos de seguridad’.

LA CARA BENDITA
No es fácil tratar el tema. Muchas veces la gente piensa que cada vez que pronuncia la palabra ‘narco’ automáticamente se cuelga un cartel en la espalda con la imagen del tiro al blanco. No hablar del asunto es una forma de sepultarlo, incrementarlo y esquivar sus consecuencias. Para Rodríguez lo importante es evitar que los más de 150 mil ‘‘ninis’’ (jóvenes que ni estudian ni trabajan) queden enganchados por la seguridad social que les ofrece el narco porque son candidatos ideales para sus filas.

El crimen organizado ante los ojos de estas personas se ve distinto; tiene un grado de estabilidad económica que se refleja en sus ingresos y que llena las pailas de la casa, abastece de ropa nueva a los niños, paga la escuela, el médico; además, en un caso de muerte, dice Rodríguez, actúan como cualquier sistema de seguridad social, la familia del difunto recibe un monto económico por la ausencia del integrante.

Los narcos no tienen dificultad en arreglar veredas, construir escuelas, hacer caminos de concreto o solventar los pendientes que por años ignoran los gobiernos. Por tanto, Rodríguez insiste en superar la miopía y dejar atrás los programas quinquenales. En Panamá el asunto no debe limitarse a más policías ni más cárceles, sino a una política local de seguridad ciudadana que acerque el Estado al ciudadano con el propósito de aminorar el crimen y evitar que las pandillas se incrementen.

El narcotráfico quiere adueñarse de todo lo que esté a su alcance; rutas, territorios, comercios, instituciones, alcaldías, fiscalías, juzgados y hasta de países enteros.

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