viernes, 10 de mayo de 2013

La crónica detrás de la historia que mereció el Premio Nacional de Prensa

Con el jurado del premio "Forum Nacional de Periodistas.


Era un primero de abril, un día triste para mi. La empresa donde trabajé por mas de cuatro años decidió culminar nuestra sociedad en la radio. No había una razón de fondo que justificara esta acción. La carta que recibí en el correo electrónico solo alegaba un cambio en la programación. Estaba desecha.

Pero las malas noticias no dejaban de fluir. En horas de medio día me llamó mi colega Rosita, el motor del Forum de Periodistas, para notificarme que mi trabajo no podía entrar en concurso a menos que trajera una carta con el membrete de la empresa como lo establecía el reglamento. Una semanas antes había inscrito mi trabajo periodístico; "Santi; una lección de vida", pero no me percaté que requería de esa formalidad.

Recibiendo el premio.


Tuve que mover montañas para lograr la carta en mención tomando en cuneta las deterioradas relaciones que quedaban con la empresa. Una hora antes de que cerrara el certamen completé todos los requerimientos que hacían falta y, por fin,  mi trabajo entró en el mas prestigioso concurso de prensa a nivel nacional de Panamá.

Estaba muy emocionada. Era la historia de un joven de 18 años que al querer ganarse unos reales para comprarse unas zapatillas aprovechó el trabajito que le ofreció un amigo del pueblo para salir a pescar. Santi, como le dicen a Adrián Vásquez, el joven mulato, aprovechó la ocasión y se monto en el bote de 18 pies que manejaba Elvis y que acompañaba Fernando, otro compañero más joven que Santi.   Así zarparon los tres en busca del sustento.

Cuando era el momento de volver a tierra, después de unas horas en el mar el motor de la lancha falló y la corriente los arrastró a altamar sin dejar huella de su paradero. Parecía que la embarcación se la había tragado el mar. Desde ahí nadie supo de los tres pescadores que salieron por la madrugada de Río Hato, pero que no regresaron.

Yo, en ese entonces trabajaba en mi programa de radio La Hora 9 y la historia me llamó la atención, la verdad es que me atrapó. Siempre me he preguntado cómo será estar perdido en el mar y poder sobrevivir. Estuve al pendiente de los vuelos de búsqueda, los operativos del Sistema Nacional de Protección Civil y del Sistema Aeronaval que cada mañana los buscaban por cielo y mar, pero regresaban a tierra con las manos vacías.

Los hombres se perdieron por un mes. Un buen día me enteré por las autoridades que Santi había sido rescatado cerca de las costas de Ecuador y que vendría a Panamá. Había tenido encuentros telefónicos con su madre Nilsa cuando su hijo estaba perdido, la angustia con la que pedía a Dios que su hijo estuviera vivo era la de esperarse en una madre como ella.

Un bolichero que pescaba cerca de Ecuador visualizó a Santi y lo trajo a tierra después de un mes de haber estado perdido en alta mar.

Sentí que se trataba de una crónica interesante. Me contacté con su madre y le pedí permiso para poder entrevistar a Santi. Pensé que todos los medios estarían detrás de una historia como esta.

Antes de la entrevista, tomando en consideración el trauma que habría sufrido Santi al ser el único sobreviviente de este episodio, le llamé al psiquiatra Alejandro Pérez que trabaja en el Instituto de Medicina Legal con el fin de que me asesorara en qué cosas no debía hacer como periodista en la entrevista que estaba por venir.

El doctor Pérez siempre atiende mis llamadas muy gentilmente, y me recomendó que le ayudara a Santi a hablar de su vivencia.  Me aconsejó que entre mas hablara le sería mas rápida su recuperación, y algo importante, si era posible que el muchacho se metiera al mar lo antes posible para evitar que esa experiencia se tornara en una aberración y no quisiera bañarse mas nunca en la playa.

Seguí sus consejos y partí rumbo a Río Hato a buscar a Santi. Era la única entrevista que había concedido la madre del joven mulato a un medio.

La entrevista no fue fácil. Santi, que había llegado de Ecuador dos días antes, hablaba muy poco.


La entrevista fue muy difícil. Santi poco hablaba, acababa de llegar hacía dos días del Ecuador donde fue rescatado por lo que debía tener muy presentes mis principios éticos en este trabajo, era primordial no forzar la entrevista ante tanto dolor y trágicos recuerdos.

Llegué a su casa, una humilde estructura pequeña donde viven; sus siete hermanos, sobrinos, sus padres, cuñados, todos. Encontré a Santi con el cabello desteñido como si se lo hubiera pintado de naranja. El sol había dejado su huella.

Estaba huesudo, había dejado 20 libras en el mar, y su vista en un punto perdido en el horizonte. Sacarle las palabras era prácticamente un milagro. El hombre hablaba poco, recordaba callado, se perdía la mirada, y las respuestas prácticamente eran monosílabas.

Con paciencia me senté a su lado. Empezamos a conversar, pero el diálogo se interrumpía con frecuencia, tuve que poner pausa varias veces en la grabadora para evitar los silencios prolongados entre cada frase que describía aquellos episodios.

Me contó que a los quince días de estar perdidos en el mar uno de sus compañeros, el más joven, falleció de hambre y sed. Tenía días sin comer por la depresión que sintió al verse perdido en la inmensidad del océano sin esperanza de ser rescatados. Comía casi nada, no bebía agua y murió.

También me describió que su cuerpo permaneció en la lancha por cuatro días antes de tomar la decisión de arrojarlo al mar.

Al poco tiempo el más grande de los navegantes, quien lo invitó a la faena también falleció, murió de sed, me dijo Santi. Su cuerpo también fue arrojado al mar, un espejo en el que Santi también temía reflejarse.

Mientras hablaba sus ojos se humedecían y su mente quedaba atrapada en los recuerdos.


Se le aguaban los ojos, su garganta palpitaba, su mente quedaba atrapada en los recuerdos. Más de cuatro horas duró la entrevista. No era fácil pedirle a una persona que vuelva a vivir semejante drama.

Así pasaban las horas acompañadas de pausas largas, respiraciones profundas fueron necesarias para no mortificarlo. En esas historias donde la vida es lo que predomina, una entrevista periodística no puede ponderarse ante semejante épica. Era un trago muy amargo. En los pocos espacios en que Santi sacaba palabras de su boca debía activar la grabadora.

No me olvidaba de la recomendación del doctor Pérez, llevarlo al mar para fustigar el miedo.  Le sugerí la idea a sus padres y a Santi y aceptaron. Eran ya las cuatro de la tarde, nos montamos en mi carro y manejé a la playa donde había partido aquel bote que quedó perdido en el mar por un mes.

Santi se bajó del auto al llegar a la playa.  Enseguida me señaló el punto exacto donde zarparon. En el sitio habían otras embarcaciones similares que se dedicaban a la pesca. Me mostró la tina donde se metía en las noches cuando el miedo se apoderaba de él y sus compañeros. Se trataba del cajón pequeño donde se guarda la red y los instrumentos de pesca. Volteó la mirada y apuntó con el dedo, a lo lejos, el sitio donde el motor se averió. No parecía muy lejos de la costa, los edificios se veían cerca, y con su cara me describió la angustia que sentían al verse perdidos en la inmensidad del océano.

Lo invité a entrar en el mar, aceptó. Nos arremangamos los jeans, Santi se veía tranquilo por eso me atreví a llevarlo a semejante aventura, era un reto enfrentar al mar que se lo había tragado por 29 días, y que casi le quita la vida. Nos paramos en la orilla, las olas mojaban nuestros pies, nos encontrábamos uno alado del otro. Santi miraba el profundo horizonte, tantos pensamientos y recuerdos que pasaban por su cabeza.

Solo fueron unos minutos los que transcurrieron, tiempo suficiente para salir de aquel monstruo que ahora aparecía mas tranquilo.

Fue un reportaje complicado, lleno de datos, de detalles, de investigación, de aprender y entender lo mas humano del hombre, sobre su fortaleza, y las ganas de vivir.

Sentí que el trabajo podía concursar en el gran premio de periodismo nacional que cada periodista sueña tener.

Pero el día de la premiación también sentí miedo. Ansiedad por temor a perder, pero también mantenía la fe y la esperanza de que ganar era una posibilidad.

Las ansias me acababan, pero finalmente llegó el momento de la categoría de radio. Mis gritos de alegría y emoción interfirieron con la voz de la maestra de ceremonias que anunciaba el reportaje ganador al mejor trabajo periodístico en radio; "Santi; una lección de vida".

Quería llorar de la alegría, temblaba de la emoción, un premio muy significativo para una periodista herida. Un reconocimiento que agradecí a Dios con el alma. Proporciones guardadas, al igual que Santi, pude sortear los sin sabores en los que a veces un periodista debe atravesar para triunfar y hacerse mas fuerte.

[Entrevista completa a Adrián Vásquez, "Santi"]

8 comentarios:

  1. Felicidades! A veces nos toca tragar amargo para luego saborear las mieles de la victoria!

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  2. Gracias por compartir tus sentimientos con quienes te leemos...
    Por experiencia propia solamente cuando en nuestras vidas pasan situaciones que nos devastan emocionalmente nos damos cuenta que eso tenia que pasar para levantarnos mas humanos, mas fuertes y triunfadores.....
    De mi experiencia en adelante aprendi a darle el primer lugar a quien realmente debe estar sentado en ese puesto....
    Un abrazo.

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  3. Querida Adelita los premios otorgados dependen de un jurado el cual al analizar tus trabajos llegó a la conclusión de que eras merecedora a una premiación de tus esfuerzos. La Empresa donde trabajabas conoce tus calibres y le iría peor si se hubiesen negado a darte comprobacion de tu esfuerzo. Las oraciones que hacemos diariamente y tu ángel Guardián estan bien cerca de ti aunque lejos físicamente.Lo importante es que sientas que estann presentes. Reitero Felicitaciones y lo hice llegar a las altas esferas de la Casa Blanca donde se ha leído tu libro. Has nacido para vencer todos los impedimentos que se ponen en tu camino. Persevera y triunfarás. Y eso es lo que tu tienes de sobra la perseverancia para lograr tus deseos y eso es oro en tu personalidad. Son tributos que Dios te ha dado y por eso me siento HONRADO DE TU AMISTAD SINCERA Y DESINTERESADA. Apenas estas en la tercera parte de la escalera que te toca ascender y verás con el tiempo como tu actuar se va distinguiendo. La caja de chocolates de mi vida ya tiene muy pocos pero disfruto de los triunfos de mis amistades y de mis familiares. Te incluí hace muchos años dentro de ese merecido espacio de amistad. Reitero Felicitaciones y FORWARD como dice OBAMA.Y yo le agrego ONE INCH IN THE RIGHT DIRECTION US A LOT BETTER THAN 12 IN THE WRONG ONE. Tú seguirás cosechando EXITOS a base de tus Grandes Esfuerzos y profesionalidad. LLos chocolates tal vez me queden ocho o nueve en la caja y los disfruto pedacito a pedacito. Ing. Humberto E. Reynolds de Unamuno

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  4. Dr. Alejandro Pérez Méndez10 de mayo de 2013, 13:54

    Felicidades.
    Tan importante como el premio, es el logro en la recuperación afectiva de Adrían. Tenemos muchos más que necesitan ayuda.
    Como siempre a la orden.

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  5. Muy lindo expresar tus sentimientos y todo lo que hiciste por ese chico, es la parte que muchas veces como periodista olvidamos en el correr de las notas del día a día, tomaste tu tiempo y con paciencia brindaste sanación a ese joven y lo plasmaste en la radio que lindo y te lo mereces

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  6. Felicitaciones Adelita, premio muy merecido. Plasmar el sentimiento humano en una entrevista, es admirable, y lo principal, conseguiste el proposito que buscabas, enfrentandolo a lo vivido, ojala y logre recuperarse pronto, solo hay que darle tiempo al tiempo. Y tu, sigue adelante, cosechando exitos, por lo excelente profesional. Felicidades, de Ana Tirado.

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  7. Querida Adelita,
    Así como me conmovió tu relato de las desventuras de Santi, también me llega el recuerdo que ahora compartes de cómo seguiste esa historia y la narración de las circunstancias que precedieron al anuncio de tu merecido galardón. Cuando conversamos esa noche mis labios estaban sellados por el deber. No me enteré hasta más tarde de aquellas circunstancias. Y cuando las supe me alegró doblemente que tu calidad profesional hubiera sido reconocida. Me honra haberte conocido en persona. Mucha suerte, que tu camino laboral se enderece y confío en los muchos éxitos más que tienes por venir. Felicitaciones.

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  8. Felicidades Adelita por el galardón. Relatos como el tuyo, son un ejemplo a seguir para los que hoy se forman en las aulas. Ojalá se mantenga por siempre el ejercicio del periodismo que busca ese relato interesante, tomando en cuenta al protagonista, más allá de los hechos. Que tu vida profesional siga cosechando frutos. Un abrazo, Milagros del C. Aguilar

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