domingo, 23 de septiembre de 2012

El premio que le cambió la vida



Yadira Ruiz nunca imaginó el vuelco que le daría la vida. La mujer que dedicó toda su vida a ser maestra tiene un hobbie que la apasiona. Recoge del basurero cartones, papeles y botellas que recicla en flores artesanales.

En el pueblo todos la conocen por su arte manual en el que puede sumergirse por horas sin percatarse del tiempo que pasa porque al fin y al cabo es un entretenimiento útil que completa el gasto mensual. La verdad pocos realizan que se trata de mera basura, sus colores y formas funcionan como imanes que adornan fiestas y centros de mesa. Desde hace tres años se metió de artesana y sus amigas, al ver sus creaciones, corrieron la voz con la gente del Ministerio de Comercio que la escogió como una de las candidatas al premio que ofrece al “artesano del año”.

En este caso por su estilo innovador y originalidad la invitaron a la premiación donde además de ser haber sido seleccionada para este reconocimiento, se ganó uno de los pasajes aéreos a Madrid que rifaba el Ministerio.

La educadora cincuentona nunca pensó que brillaría más el sol en esta etapa de su vida, cuando casi ya lo había hecho todo y estaba mas lista para ir a cuidar a los nietos.

Con el pasaje que se ganó, Yadira decidió participar con el MICI en la Feria Intergiftt que se realizó en Madrid del 12 al 16 de septiembre. La mujer se presentó con sus flores artesanales que brillaban por su acabado a mano con barniz de uñas por ser el menos contaminante. Sentada veía como pasaban los compradores hasta que un día quedó pasmada; “quiero un contenedor cada tres meses” le dijo un señor dueño de tiendas de regalos.

“¿Como voy hacer para llenar el contenedor?” le preguntó Yadira a la funcionaria del MICI. Hasta ese momento era un semi negocio de una, no de docenas de pares de manos. No solo eso, el comprador le solicitó exclusividad para sus empresas. Yadira quedó entrelazada entre la suerte, su talento y una metamorfosis kafkeana que la transformó en una mujer de negocios en instantes. Ahora debe cumplir con un contenedor cada 3 meses, son aproximadamente 1,500 cajas con todas las flores que sea capaz de imaginar.

Su hobbie quedó inmerso en un gran desafío; capacitar gente, ampliar el taller y masificar la producción. Un reto también del MICI que tendrá que velar por su asesoría, apoyo financiero si es necesario y otros trámites comerciales para que esta experiencia sea un verdadero triunfo para el comercio panameño.

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