lunes, 11 de julio de 2011

Panamá; ¿fraude para millonarios? Una intensa lluvia opacó inundó las calles justo en la vía donde se inauguraba el Trump Tower


Si algo se pelean las naciones en foros, cónclaves o conferencias internacionales es atraer la inversión extranjera.  Ayer las calles de Panamá captaron la atención internacional cuando se  inauguró  el sexto hotel de la cadena Trump.  Una obra impactante por su moderna arquitectura, con 369 habitaciones y 47 suites de extraordinario lujo al estilo de los propios millonarios. El magnate invirtió en  El hotel Trump Ocean International aproximadamente 400 millones de dólares, ni hablar del turismo que éste genere a través de la cascada de empleos directos e indirectos, que seguramente contribuirán en forma significativa con el desarrollo turístico y comercial del país.

Todo este impactante escenario, no obstante, quedó reducido para muchos en  una inundación que alcanzó el lobby del millonario hotel que tuvieron que sacar a escobazos, además el agua dejó atorados al presidente, el dueño del hotel y el tráfico desde y hacia punta pacífica.

El incidente es el resultado de la anarquía que reina en el país; las constructoras tiran sus desechos en las tuberías tapando los ductos pero nadie ha  puesto coto a esto, autoridades flexibles y corrompibles incapaces de poner orden.   Es ridículo ofrecer atraer inversiones siendo incapaces  de ofrecer una infraestructura, de las mas básicas,  como plataforma para sus proyectos.

Se imagina usted qué impresión que se llevó este magnate de Panamá?, ¿lo que le habrá dicho al presidente en petit comité?   Pareciera que dio resultados por la inmediata reacción del Ministro del MOP, pero como todo, la acción durará tan solo unos meses, después de eso se volverán a relajar las medidas al respecto porque no hay una cultura empática en nuestra sociedad.   Si los personajes mencionados no hubieran estado en la zona, a pesar de las inundaciones, ¿se hubieran tomado estas medidas a la misma velocidad?

La necesidad de ampliar las tuberías para poder acoger todas las aguas residuales es urgente.  Las malas prácticas de la construcción y la poca autoridad de las instituciones minimizaron la capacidad de esta infraestructura cuasi nueva pero que ahora, por falta de supervisión y mantenimiento, han disminuido la función de las tuberías de desalojo a tal punto, que parecieran asemejarse en su funcionamiento a las antiguas de la ciudad.

Esperemos que en esta ocasión se imponga la fiscalización y la inflexibilidad por parte de las instituciones y sus funcionarios, cosa que pareciera casi imposible si tomamos en cuenta la historia de este tipo de experiencias en nuestro país.

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