lunes, 19 de diciembre de 2016

Los aeropuertos, las fronteras porosas del crimen organizado

La falta de equipo, capacitación del personal y la corrupción impiden una operación 100% segura y dejan espacio al delito

Cuando Janeth Napolitano, secretaria de Homeland Security (Departamento de Seguridad Nacional) de Estados Unidos, visitó Panamá en febrero de 2012, una de sus principales misiones era hacer del Aeropuerto Internacional de Tocumen un lugar seguro para los viajeros y el transporte de carga.

La funcionaria fue recibida por su homólogo de entonces, José Raúl Mulino, ministro de Seguridad.

Entre ambos proyectaron varios programas encaminados a fortalecer la estructura.

El aeropuerto internacional tenía grandes debilidades. La zona de carga era un hueco sin filtro para toda clase de truhanerías. ‘No había seguridad ni cámaras y los componentes de una bomba o de cualquier explosivo podían pasar sin problema.

En aquel momento, ni siquiera había una cerca perimetral que delimitara la zona, tomó un montón de tiempo instalarla y mucha resistencia', rememora el exministro Mulino.

Él mismo se sorprendió cuando, en aquella época, "un empresario muy serio" dedicado al negocio de los medicamentos lo llamó para darle la alerta del riesgo que corría el aeropuerto por el libertinaje con el que transitaba la carga y el uso que el crimen organizado podría dar a estas sustancias al ser combinadas por un experto.

TRÁFICO ILÍCITO
Dentro del aeropuerto, en la zona de duty free o tiendas libres de impuestos, se habían detectado irregularidades. Se descubrió que los carnés o credenciales que identificaban a los empleados de esta zona se "alquilaban" a extraños con el fin de ingresar al aeropuerto con privilegios para acceder a pasajeros en tránsito, con los que intercambiaban documentos, cono pasaportes falsos, si es que en su país de destino querían evitar controles migratorios.

No era el único asunto por resolver. Una red de aeromozas dedicadas a transportar efectivo y droga entraban y salían del aeropuerto sin pasar por los controles aduaneros que el pasajero común utiliza, cono el escáner, la revisión manual y otros.

En una ocasión, cuenta una fuente vinculada a la seguridad aeroportuaria, que vivió estas anomalías, ‘por casualidad, a un inspector se le ocurrió revisar a una sobrecargo. Al abrir su maleta, le contaron $500 mil en efectivo. Una segunda aeromoza logró esquivar el control y huyó.

Las rutas preferidas de esta red eran las de México, Guatemala y Colombia. A partir de ese incidente, se exigió el paso de los sobrecargos y de los diplomáticos —aunque estos últimos cuentan con inmunidad— por los controles comunes', señaló.

La fuente narra cómo los ‘diplomáticos asiáticos que viajaban con cierta regularidad en tránsito por Panamá, provenientes de Brasil hacia Cuba, venían con oro y plata y a la vuelta regresaban con ron y tabaco'.

Otra "mafia" que detectaron las autoridades, añade la fuente, ‘estaba integrada por maleteros y el personal que maneja la carga de los aviones. Entre ellos, con radios y en clave, se comunicaban para seleccionar la carga que subía y la que no subía al avión, el último que cerraba la puerta de la "panza" solía ser el "capo". "Algunas aerolíneas hacían contrabando de chinos e indostanes en complicidad con altos funcionarios de migración', dice el informante.

Este último tema era una de las constantes quejas de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI, por sus siglas en inglés), que bajó la calificación de Panamá en la auditoría efectuada este año por ser uno de los países de la región que peor puntaje obtuvo en operaciones, licencias, servicios de aeronavegación, organización, operaciones, entre otros.

El próximo año se espera una nueva auditoría al país. La comunicación de pasajeros de entrada y salida en áreas comunes de la terminal es una debilidad de nuestro aeropuerto, según califican las organizaciones internacionales de aeronáutica civil. En este aspecto se han escuchado quejas de EE.UU., por eso es que cada vez que sale un vuelo con destino a ese país, los pasajeros son sometidos a un control adicional en la sala de abordaje.

‘El hub de Panamá no solo servía para mover pasajeros, sino también maleantes', apunta el exministro Mulino.

Estas situaciones motivaron al Ministerio de Seguridad y al Consejo de Seguridad a replantearse la estrategia en la frontera aérea.

CONTROLES
El primer programa que se implementó fue la información de viajero anticipada (API). Este es un sistema informático que permite a Panamá y EE.UU. conocer desde el momento de la reserva del boleto, quién viaja y a qué destino.

La implementación del programa tomó seis meses, se adquirió por un valor aproximado de $5 millones y requirió entrenar al personal a cargo de su monitoreo.

La información se comparte entre ambos países y además, personal panameño fue capacitado por EE.UU. para identificar los perfiles sospechosos de viajeros, y también se reforzó el área de las tiendas libres de impuestos.

Gracias a este programa se detecta a diario más de una docena de personas con alertas. Más adelante se instaló el sistema biométrico, que identifica las huellas digitales del viajero y las relaciona a su perfil de identidad.

Luego, explica Mulino, se incorporó el reconocimiento facial, capaz de identificar a cualquier individuo por sus rasgos, especialmente el hueso frontal de la cara, que delata a cualquiera, a pesar de las cirugías plásticas que pretendieran ocultar la verdadera identidad.

El sistema impresionó positivamente a los norteamericanos, quienes de inmediato ofrecieron capacitación pertinente al personal.

En aquel momento, se instalaron 80 cámaras en todo el aeropuerto que toman miles de fotos de todo el que transita por sus instalaciones.

Posteriormente, se modernizó con la capacidad de reconocer al individuo de perfil, no necesariamente de frente.

Mulino recuerda que un sábado por la tarde, cuando Eduard Snowden, un exagente de la CIA, pretendía asilarse en Ecuador, recibió una llamada del embajador de EE.UU. en Panamá, Jonathan Farrar.

El diplomático le pidió que autorizara subir el perfil de Snowden al "face first", como se le conoce al sistema, ya que el requerido forzosamente debía pasar por Panamá para llegar a Ecuador. ‘Yo lo autoricé', confiesa.

La segunda fase, la carga segura o "safe cargo", no se logró implementar. Después de varias giras a EE.UU. para conocer el funcionamiento del sistema en los aeropuertos de mayor tránsito de esa nación, el exministro solicitó a los norteamericanos elaborar un programa que se ajustara al concepto de trasbordo de carga del país, tomando en cuenta la posición geográfica y estratégica de Panamá.

‘En junio de 2014, dejé firmado el convenio con el FBI para instalar el safe cargo, pero no sé en qué quedó con el nuevo gobierno', dijo.

El seguimiento de éste último programa parece ser un laberinto. Rodolfo Aguilera, ministro que recibió el despacho de Seguridad, no supo ofrecer detalles sobre el programa, cuando le preguntó este diario. No lo recordaba, dijo. Aguilera dejó el despacho en mayo pasado, y se ha desligado de la actividad en el ministerio.

‘No puedo darte una opinión actualizada al respecto. Existen varios acuerdos vigentes entre ambos gobiernos (Panamá y EE.UU.) en materia de control del delito y seguridad nacional', indicó Aguilera.

Los controles dentro del aeropuerto se han reforzado significativamente, pero no dejan de ser porosos. En julio pasado, la Fiscalía de Drogas decomisó 342 paquetes de cocaína que se hallaron en el área de carga.

En 2015, encontraron en el área de carga hacia la terminal, un paquete con más de 50 kilos que esperaba ser recogido por ‘alguien' que nunca llegó. ‘Los traficantes introducen la mercancía para tener un caleto adentro, o un lugar cerca de la terminal y luego ingresarla. Cuando tienen todo coordinado, con respecto al personal que atenderá los controles, aprovechan para meter la mercancía', explicó una fuente que sigue investigaciones sobre controles aeronáuticos.

La fuente agregó que ‘el cartel colombiano Los Rastrojos, cuyos principales cabecillas fueron capturados en 2012, tenía presencia en el área de carga'.

Los inspectores de Aeronáutica Civil rondan la zona para tratar de evitar situaciones de ilegalidad. Pero estas ‘cosas generalmente ocurren de noche, o cuando llueve, cuando nadie sale de la oficina ellos se benefician. El crimen organizado sabe, observa y actúa. No es fácil, pero quien mete una droga puede meter otra cosa. Los terroristas y los narcos no leen manuales, ellos hacen su propia teoría y tienen toda la plata y el tiempo para hacerlo', indicó la fuente relacionada a la aeronáutica civil.

DESAFÍOS: La seguridad en la aviación civil
Los aeropuertos del mundo se rigen por los programas de seguridad que dicta la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Lineamientos que Panamá no ha podido cumplir a satisfacción.

En el Aeropuerto Internacional de Tocumen se han identificado 57 observaciones que deben ser atendidas por las autoridades de Aeronáutica Civil (AAC). De ellas, hay tres "muy delicadas".

La primera es sobre el contacto entre pasajeros en tránsito, los de arribos y salidas de vuelos.
Las dos restantes derivan de la primera y son: equipaje en transferencia y el equipaje de mano.

Emilio Pesantez, director de Seguridad de la Aviación Civil (AVSEC), manifestó que en la actualidad esta entidad ha dado un profundo seguimiento a esas 57 observaciones y en especial a las más sensibles.

De estos tres puntos, ‘ya se levantó uno, quedando dos que son el equipaje de mano y el contacto entre pasajeros. Este último se está resolviendo con un sistema llamado "One Stop Security".

Además, se mejoran algunos puntos de las salas de embarque que evitará la mezcla de pasajeros que obtuvo el visto bueno de la Transportation Security Administration de EE.UU. y OACI en sus últimas visitas'.

Del resto de los señalamientos, en la pasada auditoría de OACI, donde se menciona la actualización de los programas nacionales de seguridad, carga y la aplicación de otras instrucciones, prácticamente fueron preparados por los especialistas de AVSEC y afinan algunos puntos que completarían las observaciones internacionales.

Queda pendiente, no obstante, la equiparación salarial y habilitar las instalaciones con el mobiliario adecuado para hacer la tarea. El reto de la seguridad en los aeropuertos es un asunto de política de Estado.

Cada gobierno invierte en capacitación de personal que muchas veces se descarta en los cambios de administración por compromisos políticos y el clientelismo, que causa mermas en la operatividad y seguridad de la institución.

Avsec indica que trabaja mancomunadamente con el Consejo de Seguridad, la Policía Nacional y el Servicio Nacional Aeronaval, Aeronáutica Civil en todos los aeropuertos del país, pero aún quedan muchos puntos por resolver.

Una fuente relacionada al tema indicó que ‘han detectado personal dudoso que labora en el sistema y utiliza toda clase de disfraces para pasar agachados'. Una de las razones del porqué se encuentra en este estado la aviación en el país, es que por más de diez años no se capacitó personal o se mejoraron los equipos en las instalaciones, explican quienes conocen la situación de la aviación en Panamá.

La Junta Directiva de la AAC aprobó las necesidades de modernizar el equipo, entrenamiento personal, aumento de pie de fuerza y mejora salarial. Si Tocumen tiene sus problemas, el aeropuerto Marcos A. Gelabert, ubicado en Albrook, tiene otro dolor de cabeza.

Una fuente conocedora ligada al mundo de la seguridad aeronáutica civil explica que ‘cada vez que aterriza un avión privado se dirige directo a su hangar.

Las autoridades de Aduana y Migración, en vez de revisarlos en la rampa, lo hacen en los hangares privados. El Estado no dice nada porque hay grandes intereses económicos', expresó la fuente, sin más detalles.

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