miércoles, 2 de abril de 2014

Su vida la resume una frase

‘La Chiva’ vivía huyendo y cambiando teléfonos. Quienes lo trataron de cerca lo definen como un tipo calculador, con una seguridad bien estructurada que le alertaba ante la amenaza de los federales


Nadie es eterno en el mundo. Tampoco ‘La Chiva’, como le decían a Enrique Plancarte, segundo al mando del cartel Los Caballeros Templarios. Además de lo atinado de esta frase, se trataba de la canción preferida de Enrique, ‘Kike’ Plancarte, abatido este lunes en un enfrentamiento con unidades de la Marina y el Ejército mexicano en el municipio de Colón, Estado de Querétaro. Nadie es para siempre, como tampoco lo fue el creador e intérprete de la canción, Adán Chalino Sánchez, cantante de cientos de corridos regionales también esta muerto. 

Nadie es eterno en el mundo, pero en ocasiones las historias permanecen en el tiempo, y sus protagonistas subsisten cuando se pronuncian sus nombres. 

LOS INICIOS 
El cartel de los Caballeros Templarios tenía tres cabezas; Nazario Moreno alias ‘El Chayo’, Servando Gómez alias ‘La Tuta’ y Enrique Plancarte. 

Kike había quedado al frente del cartel de los Caballeros Templarios después de la muerte de Nazario Moreno, El Chayo, quien murió a principios de marzo a raíz de un enfrentamiento armado entre miembros del cartel y elementos de la Marina Armada. En menos de un mes, las autoridades mexicanas han decapitado a dos de los tres fundadores de los Cabelleros Templarios, ahora solo queda ‘La Tuta’ quien seguramente turna camas para evitar dejar rastro de sus pasos a las autoridades. 

‘No me lloren que nadie es eterno, nadie vuelve del sueño profundo. Sufrirás, llorarás, mientras te acostumbras a perder, pero después te resignarás cuando ya no me vuelvas a ver’ continúa la letra de ‘Nadie es eterno en el mundo’, canción que seguramente entonarán sus seguidores y familiares cuando entierren a Kike. 

EL CARTEL 
Plancarte fundó ‘los Caballeros Templarios’ después que decidió separarse del grupo de La Familia Michoacana. En su tierra natal, Michoacán, zona agrícola también conocida como la región de tierra caliente, las familias se dedicaban a la siembra de mariguana aunque nunca se les miró como narcotraficantes, más bien, asociadas a su origen agricultor y subsistencia. 

No obstante, a medida que se incrementó el narcotráfico en la zona, así mismo ocurrió con el desarrollo de los carteles que quisieron apoderarse de las siembras de los rancheros. 

Con el tiempo el asentamiento de estos grupos criminales empezó a reemplazar la labor de las autoridades hasta formar una especie de gobierno alternativo en el que los pobladores debían obedecer las órdenes impuestas por los Templarios. Reglas que sustituían los vacíos de poder gubernamental . Es decir, aquellas tareas que el gobierno no hacía eran realizadas por los narcotraficantes. 

En el 2006 nace el grupo de los Caballeros Templarios. Sus integrantes eran parte de la Familia Michoacana pero a raíz de una pelea con uno de sus miembros, La Tuta, El Chayo y La Chiva se separaron, lo que provocó una guerra entre ambos carteles. 

La Procuraduría General de la República ofrecía 10 millones de pesos por la cabeza de Plancarte (casi un millón de dólares). El gobierno no pudo, decían algunos de los entrevistados por los medios mexicanos. Sus residentes vivían atemorizados entre las guerras de los carteles, la violencia, extorsiones, muertes, robos. Sin embargo, tuvieron que adaptarse a vivir con los templarios. 

Era común ver a ‘la Tuta’ en las plazas del pueblo regalando dinero, y a los niños les besándole la mano. Más difícil aún era distinguir si aquellos ademanes respondían al cariño o al temor. 

El experto en tema de seguridad y narcotráfico, Edgardo Buscaglia, dijo en una entrevista a CNN que la aparición de los grupos de autodefensa que han surgido en Michoacán son una respuesta de la población civil ante el surgimiento de grupos paramilitares ‘que hacen el trabajo sucio’. 

Insight Crime, luego de la captura del sobrino de Kike Plancarte, acusado de extracción y tráfico de órganos a menores, reportó que Los Caballeros Templarios han diversificado cada vez más su portafolio criminal, a medida que aumentan su participación en una serie de actividades ilícitas. Las autoridades afirman que actualmente la minería ilegal, la tala y la extorsión son fuentes de ingreso más importantes para el grupo que el tráfico de drogas. Se estima que sólo la extorsión genera al grupo entre US$ 800.000 y US$ 1,4 millones por semana, explica la página de Internet. 

Según la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, Plancarte vivía huyendo, intercambiaba teléfonos y su escolta era más reducida que en otros tiempos cuando su anillo de seguridad alcanzaba hasta viente hombres. 

El Blog del Narco recoge que a principios de año, Plancarte logró aterrorizar a gran parte de Tierra Caliente en Michoacán para evitar ser capturado, y al mismo tiempo salió huyendo con la llegada de las fuerzas federales. 

NADA PERSONAL 
Un amigo que conocía personalmente a Plancarte me contó varios aspectos personales de Kike. Esas cosas mas íntimas del hombre que en el mundo policial sobresalía su afamada violencia. 

Mi amigo, que por razones obvias prefiere omitir su nombre, me comentaba que en las fiestas, más que nada cuando celebraba su cumpleaños, Kike solía hacerlo en cualquiera de sus ranchos (fincas), y por lo general duraban hasta tres días. A aquellos festejos acudía todo mundo sin distingo; ricos, pobres, empleados, amistades. 

Kike, narra mi amigo, era un tipo bromista y hombre de mundo, conocedor, y sabía conversar de todo tipo de temas. Tenía plática para todas las edades; sabía de economía, de negocios, de trabajo, inversiones... ‘No era cualquier pendejo’, me dice, ‘pues dominaba y estaba ahí por su inteligencia’. 

Kike no tenía el vicio de la droga, pero le gustaba tomar alcohol según la ocasión. Sin embargo, a todas horas estaba pendiente de su dieta balanceada que trataba de combinar con verduras, frutas y carnes. Parte de esta tarea la hacía su madre, quien era la que en este sentido vivía al pendiente de él. 

Pero eso sí, al Kike le gustaba tomar y cuando se cansaba se dormía, despertaba y tomaba y así. Era como un ciclo que repetía únicamente cuando andaba de fiesta. 

Pregunté a mi amigo qué será del cartel ahora que murieron El Chayo y La Chiva. Me responde enumerando sus integrantes en jerarquía: ‘El Chayo’ era el número uno, ‘La Tuta’, el dos y ‘El Kike’, el tres. Me habla además del poder que tiene ‘La Tuta’, quien mueve las masas, los trabajadores, a todos los hombres que le siguen. 

LA ORGANIZACIÓN 
‘El Kike’ siempre estuvo cerca de los uniformados, que podrían estar por ejemplo a 30 metros de la Policía Federal o del Ejército, pero no lo capuraban. Había una razón para ello. 

El perímetro de seguridad de Kike era prácticamente todo Apatzingán. Muy al estilo de Pablo Escobar, tenía gente en cada esquina con un equipo de comunicación que le daba cuenta de las entradas y salidas para las rancherías y municipios, así como salidas nacionales. 

Se trataba de un grupo eficaz que reportaba las 24 horas por todo el Estado cuando ocurrían enfrentamientos con la ley. ‘Todo estaba muy bien sincronizado’, me cuenta el amigo. 

La policía municipal patrullaba para avisar por si llegaba el gobierno federal y los municipales facilitaban la fuga de los carteles cerrando las calles del centro de Apatzingan para dar margen de huida. 

‘El Kike’ era muy agradecido y muy serio en sus cosas’, me indica. ‘ Cuando era diversión se portaba alegre y bromista pero en su trabajo era demasiado exigente, no daba cabida el mínimo error’, señala. 

La muerte de Kike se produjo en Querétaro, así que me dio curiosidad de saber qué hacía ahí ‘La Chiva’. 

‘Querétaro es el Estado neutral para los carteles, un lugar estratégico para reuniones y pactar treguas y acuerdos entre los carteles y el gobierno’, me explica. El encargado de esta delicada labor es un hombre mítico que se caracteriza por un balance mediador, Juan José Esparragoza, alias ‘El Azul’. 

Un enlace al que los líderes de los carteles han protegido por muchos años, al menos quien por alguna razón ha querido su muerte, la pelona lo atrapa antes que al Azul, pues cuenta con la simpatía de la vieja guardia de los señores de la droga. 

Con casi medio siglo en el negocio, ‘El Azul’ es el encargado de organizar cumbres, también tenía poder para comprar corporaciones enteras de policías, y conoce muy bien el negocio. Se comenta que Arturo Beltrán quiso matar al ‘Azul’, pero nunca pudo hacerlo. 

Melissa, su hija y cantante grupera, conocida como ‘la princesa de la banda’ le entonaba ‘el amo de los caballos’ una canción que relata los oficios de su papá; ‘traigan Buchanans señores que me quiero emborrachar, que suene duro la banda que no deje de tocar, tóquenme nadie es eterno en el mundo que es mi canción especial’. 

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