jueves, 27 de febrero de 2014

La inversión no llegó al tuétano del problema

Este quinquenio el gobierno destinó más de $2,400 millones en presupuesto y equipamiento; pero las muertes relacionadas al crimen organizado, las pandillas, hurtos y robos aumentaron

En pocos años —cinco o seis—, la población del país se duplicará; una vez se culminen las obras de ampliación del Canal de Panamá el paso de contenedores se incrementará de 7 a 11 o 15 millones; en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, donde anualmente transitan cuatro millones de pasajeros se estima que se duplique la cantidad de usuarios. 

El istmo es un país que muestra un crecimiento sostenido y toma posicionamiento en la región, por tanto, las autoridades deben prepararse para estos nuevos retos. 

Estos datos, sin embargo, están fuera del radar del panameño común que está más preocupado por otros asuntos como su propia seguridad. 

Durante el quinquenio de la administración de Ricardo Martinelli se efectuaron sustanciosas inversiones en materia de seguridad. 

Por ejemplo: se creó el Ministerio de Seguridad Pública (Ley 15 del 14 de abril de 2010) con la idea de planificar, coordinar, controlar y apoyar el esfuerzo de los estamentos de seguridad e inteligencia que integran el Ministerio; se incrementó en tres ocasiones el salario de la fuerza pública; se logró un dominio fronterizo en zonas donde antes se veía la presencia y territorialidad del crimen organizado; se instauró el programa preventivo integral ideado para controlar caminos y trochas por donde pasa la droga; se instalaron los Observatorios de Seguridad; la red de microondas y la adquisición de plataformas de radio, equipos móviles y portátiles; se redujo la tasa de homicidios; se efectuó una inversión por $250 millones en la compra de 6 helicópteros y 19 radares; el Gobierno italiano donó 4 fragatas; el Ministerio de Seguridad compró más de 39 patrullas; armas y municiones por un monto de $9. 5 millones para la policía; al Servicio Nacional Aeronaval también se le dotó de armas y municiones ($10 millones); actualizaron el sistema de pele police a un costo de $8 millones; además se decidió invertir en equipo de videovigilancia para la Policía Nacional; uniformes nuevos y otras infraestructuras y servicios. 

Es la inversión en seguridad más alta en la historia de la República, pero aún así una de cada dos personas se siente insegura en las calles de su barrio, según la más reciente encuesta de Ipsos. 

¿Por qué esta inversión no ha penetrado la mente de los panameños? ¿En qué se traducen estas cifras a la hora de analizar los índices de criminalidad? 

MI AMIGO EL POLICÍA 
Apostar a que algún experto serio disienta de la posición de los aquí entrevistados sería arriesgado. Todos coinciden en que la respuesta está en el origen de la delincuencia, la falta de inclusión de la población joven en el desarrollo nacional y el papel de la policía en los barrios. 

Dice Anastasio Rodríguez, docente del diplomado de seguridad ciudadana, que en este renglón los esfuerzos por echar a andar programas de Vecinos Vigilantes no han dado los resultados esperados, ‘les faltó entender que el tema conlleva un pacto nacional con todos los actores’ en alianza con el sector empresarial y más organización comunitaria. Un criterio que comparte Carlos González, profesor del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, quien comenta que Panamá ha sido eficiente en la incautación de droga, pero otros delitos como el robo y hurto afectan cada vez más a Pablo Pueblo. 

La policía de proximidad debe ser más activa, afirma el representante de la ONUDC en Panamá, Amado Phillip De André, ‘los núcleos están creciendo, así que el policía debe implementar nuevas estrategias de proximidad para cultivar una relación estrecha’. Tan simple como saber quién es el nuevo vecino, a qué se dedica o en qué trabaja, por ejemplo. 

DETRÁS DE LAS MUERTES 
Los homicidios disminuyeron 19% en cuatro años (2009-13), lo cual es positivo, afirma el asesor empresarial René Quevedo, y agrega: pero los hurtos aumentaron en más de 27% en los últimos dos años (2011-13), cifra que es probablemente mayor si se considera que solo el 45% de los delitos se reporta y que las denuncias hechas en las Corregidurías no son incorporadas a las estadísticas del SIEC. En consecuencia, tenemos una clara tendencia al aumento y un preocupante subdimensionamiento del delito típicamente asociado a la obtención rápida de efectivo para la solución inmediata de necesidades básicas. Esto continuará a menos que podamos instrumentar mecanismos para que el crecimiento económico sea inclusivo e incluyente, cosa que no está ocurriendo. Inclusión no es subsidios, añadió Quevedo. 

El asesor es un hombre de pensamiento analítico, no le cuesta trabajo deducir que el problema va mucho más allá que la mera seguridad; es un asunto de inclusión social, particularmente de jóvenes humildes. 

Hace 5 años, comenta, uno de cada tres nuevos empleos benefició a jóvenes entre 15-29 años. Hoy, aunque tres de cada 5 personas que busca trabajo es joven, solo uno de cada 12 logra un nuevo empleo, mientras que el 60% y 1 de cada 4 de ellos no trabaja ni estudia (ninis). Las soluciones al problema de la delincuencia son sociales, no policiales. 

LAS FAMOSAS TASAS 
El gobierno tomó la administración con una tasa de homicidios en 24. 3 por cada cien mil habitantes y logró disminuirla a 17. 3. Un tema clave en este renglón es el móvil de estos homicidios. El gobierno contaría con estrategias mucho más acertadas y claras si contara con estadísticas desmenuzadas sobre el móvil y la relación de los hechos con el crimen organizado. Existe un Observatorio de Drogas separado por provincias y tipos de drogas, pero el análisis que se debería hacer es la vinculación del impacto de las drogas sobre el crimen y el impacto del crimen sobre las drogas. 

Hace tres años el crimen organizado no era un síntoma de vinculación en un porcentaje prevalente como ahora, que se relaciona casi el 40% de la causa de las muertes. 

En el 2010 gran parte de las muertes se originaron por rencillas, un porcentaje menor fue producto de rivalidades entre grupos de pandillas, seguido de robos. Un año después, el jefe de la cartera de seguridad manifestó que los números reflejaban la cantidad de gente armada en el país, que el cúmulo de la intolerancia y el alcohol dispararon las cifras. En 2012 José Raúl Molino atribuyó las muertes ‘a una sociedad violenta’. Ese año, un 23% de los homicidios se vinculó al crimen organizado. 

No obstante, en 2013, con igual número de homicidios, Molino señaló al crimen organizado y las pandillas como causas de muerte (36%), ‘aquí se están matando los delincuentes por narcotráfico’, afirmó entonces. 

EL ‘BOOMING’ DE PANDILLAS 
El pandillerismo bajo el análisis del General Oscar Naranjo tiene una explicación común; hay una incapacidad para absorber el potencial de los jóvenes, afirma el general colombiano. ‘No queremos reconocer que cuando un joven delinque, cuando un niño delinque, es más víctima que victimario’ agrega. 

Algo pasa en la base de la sociedad panameña que ha aumentado en forma significativa el pandillerismo en el país. ‘Los jóvenes de hoy, más que delincuentes son infractores, son el resultado de una acumulación de falta de oferta institucional para mostrarles que hay un proyecto de vida. Al final no es un problema de pobreza, se trata de un problema de oportunidades’, agregó el militar. 

En este contexto el narcotráfico, particularmente el narcomenudeo, en nuestros barrios representa una opción para generar ingresos (igual que los hurtos). No es una profesión. ‘De allí que la violencia derivada del narcotráfico es en esencia consecuencia del mismo proceso de búsqueda de solución a necesidades básicas y la percepción (en estos jóvenes) es de que no hay otras opciones’, señala Quevedo. 

Como muestra un botón: entre el 2004 y 2009 la cantidad de cocaína que pasó por Panamá, según el registro de incautación, aumentó 16 veces. Este fenómeno tuvo directa relación con el aumento en los homicidios, de 304 a 818. 

No se trata de ser apocalíptico, pero tampoco iluso, afirma el asesor. El crecimiento económico, la expansión del empleo y las multimillonarias inversiones en capacitación laboral no han podido detener la explosión de pandillerismo (441% desde el 2007) y el que entre el 2012 y 2013 haya once mil nuevos ninis de 15 a 29 años. Esto plantea potencialmente una fuente prácticamente inagotable de ‘obreros del narcotráfico’ a menos que logremos un mecanismo para incorporarlos a la sociedad productiva, acotó Quevedo. 

EL NARCO 
Panamá ocupa el tercer lugar del continente americano en incautación de droga. Sin embargo, al analizar la tabla de decomisos observamos una leve disminución en comparación con los dos primeros años de mandato de Martinelli. 

Con la instalación de los radares, el gobierno pretendía desviar los cargamentos de droga a otras rutas, pero la infraestructura aún no termina de instalarse. Según el viceministro de Seguridad, Alejandro Garuz, los radares ‘están funcionando en base al área de responsabilidad; es decir localmente, y el personal que se está entrenando debe estar listo para finales de febrero para comenzar una operación a nivel nacional’. Agregó el funcionario que globalmente toda la información de los radares ingresa a un centro, y supuestamente se comparte con otros estamentos de seguridad. Sin embargo Garuz no logró recordar algún decomiso que ejemplifique la efectividad de estos equipos.

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