viernes, 8 de noviembre de 2013

Integrismo: “Es la ideología, no el comportamiento”



George Chaya
[experto en medio oriente]

El problema con el terrorismo de índole religiosa es que se basa, fundamentalmente, en un dogma estrecho y fuera de cualquier posibilidad de ser contrastado. Su discurso es un diálogo ‘de suma cero, violento, represivo y maximalista’. Sus defensores y adherentes jamás reflexionan y sólo estarán satisfechos cuando los que consideran sus enemigos se conviertan a su creencia o sean vencidos. Sus seguidores creen que todo lo que los demás deben hacer es reconocer la legitimidad de la espalda con la que amenazan al diferente. Los discursos que se oyen por parte de los líderes de Al-Nusra (brazo de Al-Qaeda) en la Siria actual muestran claramente la inexistencia de la racionalidad y la ausencia de su legitimidad. El silencio que esgrimen aquellos que apoyan a los radicales en la guerra civil siria hace que la inmoralidad que los islamistas encarnan se permita y se siga oyendo. Esta gente no está allí para liberar a los ciudadanos sirios de Assad ni de nadie. Ellos están tratando de destrozar lo que queda en pie del Estado y las instituciones sirias para instaurar su proyecto de califato islamista, al tiempo que asesinan sin miramiento a civiles inocentes de todas las edades.

Durante décadas, incluso antes del 9-11, cuando el terror fundamentalista mostró lo que estaba dispuesto a hacer, una corriente perversa de análisis sobre el fenómeno del terror fundamentalista fue tomando cuerpo en la voz de intelectuales y académicos occidentales, y de ellos se valió la prensa para confundir a la opinión pública sobre el significado real de lo que encarna este tipo de terror. Estos intelectuales y analistas esgrimen una débil y absurda explicación sobre el llamado terrorismo religioso, al que sindican como el resultado de la pérdida de libertades políticas, la hegemonía occidental y la ocupación israelí de Palestina. Tal explicación configura una vulgaridad disociada de la realidad que no resiste análisis alguno.

Como indiqué hace una década y repito ahora, éstos no han sido, ni son, los factores que contribuyeron a la expansión de tal modalidad del terror ni a la captación de terroristas. “Los factores que lo crearon y lo alimentan han sido el propio terrorismo fanático, los petrodólares del Golfo y una aceitada maquinaria de odio favorecida por sujetos que interpretan la religión discrecionalmente y fuera de cualquier dialogo racional”.

La creencia por parte de analistas y académicos occidentales de que la creación de un terrorista está relacionada con la destrucción de su entorno patriótico, social y cultural, y que ello facilita su creación, es de mínima ridícula y no encuentra sustento en antecedente histórico alguno. No hay reivindicación identitaria ni patriótica en este fenómeno. Tampoco se está ante la defensa de aspectos culturales o nacionales en el accionar del terror fundamentalista.

De lo que se trata es de sistemáticos actos que van contra de su propia cultura y sus Estados nacionales, donde las victimas primarias y mayoritarias son los propios musulmanes, por lo que la explicación del problema desde la visión de los opinólogos occidentales, “no es más que una defensa de los que conducen a sus propios hermanos a un suicidio colectivo”. ¿Puede alguien en el mundo beneficiarse con la existencia del terrorismo religioso? No hay duda de que los últimos que podrían beneficiarse son los árabes y los musulmanes.

Sin embargo, hasta que el freno al terrorismo religioso no se manifieste claramente dentro de los propios árabes y musulmanes, no habrá solución en Siria ni en cualquier conflicto donde el fundamentalismo esté presente. Hasta que los países árabes-islámicos no confronten con un discurso claro y crítico al terror fundamentalista, lo único que ellos podrán hacer es convivir con la enfermedad del terrorismo, al igual que convivimos con el calentamiento global, las enfermedades incurables, las inundaciones y los incendios forestales.

Occidente y los países centrales de la comunidad internacional nada podrán hacer al respecto, tampoco habrá solución militar posible. Los propios pensadores y académicos occidentales han dado alas al terrorismo que ha utilizado todas y cada una de las libertades que el mundo libre ofrece -y de las que los terroristas se valen- para debilitar las propias sociedades occidentales. Así, los gobiernos no podrán más que reducir el daño y tratar de proteger a los ciudadanos que aún no hayan sido golpeados por el terrorismo, probablemente con escaso éxito. Esto sucederá hasta que se comprenda que el fenómeno del terror fundamentalista es una ideología radical que se inicia con la formación del sujeto que no necesariamente es un religioso o un devoto en su comportamiento.

Lo que se debe comprender para dejar de confundir a la opinión pública en lo que todavía se conoce como mundo libre, es entender que “el peligro no está en la forma en que cada persona vive su religión”. El peligro está en la radicalización de su mente, no en su comportamiento.

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