lunes, 1 de julio de 2013

En prevención cero puntos

Por última vez el presidente de la República habló al pueblo a través del escenario legislativo en su último periodo.  

En cuatro años Martinelli se ha encargado de hacer lo que dice "no se hizo en 40 años".  Tiene una parte de razón; en esta oportunidad estuvimos frente a un hombre "multitask" como se autodenomina el propio presidente, capas de hacer múltiples funciones sin interrumpir lo iniciado, a tal punto que se puede percibir un país entero en construcción.

Se realizan las obras del metro, puentes elevados para desahogar el congestionamiento vehicular, expansión y nuevas carreteras a lo largo de la interamericana, una ciudad hospitalaria que tendrá que ver como desafía el abastecimiento de insumos y medicamentos, especialistas, y recurso humano; una cadena de frío para abaratar la canasta básica pero con el reto de lograr autosuficiencia en las principales fuentes de granos que consume el panameño;  esto acompañado de nuevos mercados públicos para la venta directa de productos sin que para las autoridades el nuevo mercado de Río Hato permanezca vacío la mayor parte del tiempo; la expansión aeroportuaria en la capital e interior del país, la controversial y famosa Cinta Costera 3, 4, y las que se puedan, etc.

Un mandato que sin duda sobresale en este aspecto pero que al hacer un balance con otros temas cualitativos importantes, tal vez no tan palpables, aparece un desequilibrio riesgoso para el país.

El trabajo de prevención social es casi nulo; las pandillas se quintuplicaron en número, los embarazos en madres adolescentes siguen en aumento, la inclusión de jóvenes al ritmo económico del país es un fracaso a pesar de los programas de "Mi primer empleo", la capacitación del INADEH que redujo el presupuesto a mas de la mitad no ha logrado satisfacer la mano de obra especializada que exigen las empresas extranjeras y nacionales que se instalan en el país.

Lo mas irónico, es que a pesar de que se cuenta con miles de millones de dólares para la realización de las obras antes mencionadas, el director del PROSI tiene que pedirle o mendigar a las instituciones internacionales un presupuesto de 30 millones para los planes de reinserción y prevención en pandillas.  Aunado a esto, el PROSI que debería contar con un plan científico e integral para prevención y reinserción no lo tiene, mas bien han transcurrido años para dar con una política criminológica que aún no tiene claro el camino ni su ejecución por el constante arrebato de protagonismos institucionales que al final terminan en inauguración de canchas deportivas y uniformes incapaces de responder a una política coherente en este tópico.  Mientras esto ocurre las pandillas crecen en forma exponencial; En cinco años (2007-12) el numero de pandilleros aumentó en 441%.  Es decir, de 1,385 se incrementó a 7,500 según las estadísticas del Ministerio de Seguridad.  

Estos números son los que no comprenden las autoridades que se preguntan el porqué de las elevaciones en los índices delictivos.  Lo peor es que a este ritmo no  hay que ser vidente para predecir un incremento en homicidios, hurtos, robos o delitos conexos a bandas criminales como tráfico de droga, narcomenudeo y prostitución por mencionar los menos.

La institución que debe estar a cargo de ésta labor, el MIDES, se limita a entregar cheques de 100 a los 70, el ángel Guardián, y otros subsidios estatales, pero en las zonas rojas del país tienen nula o poca presencia, prácticamente ni se asoman por ahí.   Lo mas insólito es que el titular de esta cartera, el señor Guillermo Ferrufino no se ha dado por enterado que esta tarea es parte del ministerio que dirige, mas bien se lo ha endosado al MEDUCA.  He ahí parte de la respuesta de nuestra situación.

En todo caso, la oficina que debe realizar la labor preventiva y de reinserción, no solo carece de un plan de trabajo científico con cifras contables y seguimiento. Tiene el ridículo presupuesto anual de 100 mil dólares que debe servirle como una  excusa para determinar su existencia en el radar social, pero que ni se nota en la gestión social.

Los barrios rojos no pueden romper sus propios laberintos porque el mismo entorno los arrastra.  De manera que al no existir una intervención directa del Estado, mancomunada con la empresa privada y profesionales, quienes habitan en estas zonas no verán un futuro esperanzador.  Por el contrario, quedarán presos de su ambiente y éste se propagará a otras comunidades, solo entonces la sociedad reaccionará sobre la dejación evidente de estos años.

En los casos de adolescentes embarazadas las cosas no varían, el SENNIAF institución creada en el 2009 que debería encargarse de la atención de estas mujeres alega que actúa con un parámetro jurídico obsoleto, que le impide conocer detalles sobre la pareja, la cantidad de nacidos etc, ni siquiera se han cruzado las estadísticas entre el MINSA y MEDUCA para dar con la cantidad exacta de mujeres que se embarazan a esta edad. 


A este ritmo, la sociedad entera se acordará de Martinelli no solo como el presidente que quiso poner su sello en cientos de obras, sino como aquel que nombró a un hombre analfabeta para un puesto clave en el desarrollo social del país, y lastimosamente de no tomar acciones drásticas inmediatas, recordarán  este quinquenio como el descontrol de los índices delincuenciales provocado por una desidia al mando de uno de los ministerios mas estructurales de la nación.  Una cara bonita al mando pero un liderazgo extinto en reinserción, prevención primaria, secundaria y terciaria, y la vaga intervención en los núcleos familiares en riesgo.

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