miércoles, 3 de julio de 2013

Embarazo en adolescentes; un cordón umbilical entre la delincuencia y la prostitución

El Pastor Boris Valdés de la Iglesia Casa de Dios en calle 19 El Chorrillo supervisa las obras que albergarán un nuevo centro de culto en Barraza.  El lugar a penas tiene la estructura con bloque pero me explica, y se imagina a la vez, cómo quedará el sitio una vez culmine la obra.  Todavía no reúne los fondos pero su deseo y la fe en el Señor resultan una perfecta fórmula para alcanzar su anhelo.

El Pastor es un hombre joven, no llega a los cuarenta pero sus andanzas mas tempranas, que no fueron tan santas, lo llevaron a tomar la decisión de acercarse a Dios, y desde esa tribuna, como un ángel,  rescata a los que se arrepienten a tiempo antes de su pase directo al infierno de Dante.

Casi es mediodía, esta nublado, pero se siente el calor húmedo que se concentra en las barracas.  Mientras caminamos por el local me presenta a un grupo de madres que están ahí para dar su testimonio.

Un pequeño de dos años que camina descalzo, vestido de pantaloncito corto y camiseta pide a su madre pecho. Ella no se anima a alimentarlo por mi presencia y la del fotógrafo, estábamos a punto de iniciar la entrevista junto a otras dos madres más.   La hermanita le brinda un pedazo de malvavisco mordido, y finalmente el pequeño cae en brazos de su madre, que se acomodó a mi izquierda.

Estas jóvenes parieron a sus primogénitos en la adolescencia. No terminaron la secundaria por distintas razones, así que hoy sus posibilidades para ganarse la vida se limitan a actividades muy simples; la venta de pastelitos o golosinas.

Años atrás estas mujeres vendían su cuerpo para ganarse el sustento como ahora lo hacen muchas otras.  Un dinero que llega acompañado de amargos recuerdos.

El Chorrillo no es un barrio para criar hijos. Un alto porcentaje de los padres están presos por homicidio, los adolescentes se integran a las pandillas a los trece o catorce años, y los niños copian esas conductas; es el modelo que prima en el entorno.

En estas circunstancias el ingreso a cualquier grupo criminal es además una forma de supervivencia a un lugar donde lo que se imprime es la ley de la territorialidad, del dominio por cuadrante, de la superioridad en función de la crueldad y criminalidad; la venta de droga, el robo, sicariato y otros "servicios".

Las adolescentes ven interrumpida su juventud con el embarazo y en el momento los bebes son accesorios, ellas están para ver por si mismas me dice Alberto Vence trabajador social del barrio. Algunas de estas muchachas viven con sus padres o solo con la mamá, otras en cuartos que les han cedido porque andan con varios hombres para prostituirse.  Otro grupo vende lotería, y uno mas vende droga.

La gran mayoría de los preadolescentes y adolescentes que entran en pandillas lo hacen para resolver necesidades básicas, traer dinero a la casa y ayudar a sus mamás, por lo que el nivel de desocupación de las mujeres guarda directa relación con la predisposición de estos muchachos en empuñar armas.

Como madre uno puede poner todo su empeño para evitar que los pelaos se droguen o delincan, pero la influencia de las amistades y la necesidad de sentirse respetados los inscribe en grupos delincuenciales.

Nitzia se enteró que su hijo era pandillero cuando el joven entraba a los catorce años; "estábamos en un quince años y él me pidió las llaves de la casa y se las dí confiando en que iba a dormir, cuando me dio por ir a orinar fui a la casa, él no estaba. Cuando voy saliendo del edificio lo veo que iba entrando todo vestido de negro. Ya cuando yo vi la vestimenta dije que va, esto se me perdió, y yo no sabía que hacer porque vivía sola con ellos".

Entró en shock cuando vio el arma.  No podía hablar del impacto.

Duele perder un hijo y mas de esa forma me dice Nitzia resignada.  Sus dos hijos son pandilleros, recrea las palabras de uno de ellos; "tu sufres mucho, aquí no hay nada que comer en mi casa". Así es como en este barrio los adolescentes empiezan a resolver la vida,  y él salió a buscarla a su forma. La pandilla les robó sus estudios, sus dos hijos desertaron de sexto grado. Los alumnos  que acuden a secundaria en el Chorrillo se pueden contar con los dedos de las manos.

La mejor forma que encontró Nitzia para tragar la realidad era con el alcohol, las drogas y la prostitución, así anestesiaba la vida.  Los niños, en cambio, percibían un ambiente amargo.

A sus cuarenta la perspectiva es muy distinta;  "vender su cuerpo lo único que causa es ensuciar la vida de nosotras, porque pasó Mengano, Fulano y Perenciano por encima de nosotras y eso es lo que no se quiere", lo dice como consejo a las nuevas generaciones.

La mujer no ve remedio, siente que no hay nada mas que hacer por sus hijos, pero les recuerda  a diario que existe un cielo y un infierno.

Tal vez no es tan errada aquella frase Dantesca que cita que las partes mas bajas del infierno se encuentran dentro de los confines de la ciudad.

En estas comunidades uno se convierte en lo que le va dando la vida. Basta abrir la caja de Pandora de Katiushka para comprobarlo; es una madre soltera que vive en Curundú, tiene 30 años, es morenita, delgadita, ojos almendrados y cejas bien delineadas.

En su anatomía los tatuajes narran cada una de sus vivencias; en el antebrazo  se puede leer "NPD", el nombre de la pandilla a la que perteneció "Niños Protegidos por Dios".  Lo mira y reflexiona con cierta nostalgia; "se pueden contar con la mano los que hoy día están vivos".  Ella ya dejó a un lado esos pasos, pero sus dos hermanos siguen en las pandillas.

Katiushka me describe con tranquilidad que tiraba bala, apuñaleaba, además su temperamento intolerante y explosivo no le ayudaban en nada. Prácticamente adoptó a la pandilla como su familia, los reemplazó por sus padres que consumían droga, su abuela y sus tías la maltrataban además la echaron de casa a los 14. La situación la orilló a vivir de casa en casa de sus amigas,  y terminó alquilando un cuarto en la barraca.

Tenía, en su concepto, razones suficientes para incluirse en un grupo organizado donde existía autoridad, compañerismo y aceptación; "yo no tengo quien me llore" era su respuesta a quienes se acercaban a brindarle consejo para que enderezara los pasos.

En el otro brazo observo otros nombres tatuados, cada uno con una razón de ser. Es como un mapa cronológico de sus tragedias y añoranzas, tiempos que vivirán marcados en el alma por el resto de su vida.

- "He tenido que vender droga, he tenido que vender mi cuerpo e infinidades de cosas para poder darle a mis hijos un sustento".

Se inició en la prostitución a los catorce años.  Veía como sus amistades iban a la calle y traían plata, vestían bien, así que decidió imitarlas.  Le hablaban al celular y acudía a los cuartos del cliente,  lo mínimo que cobraba eran treinta dólares.

Pocas eran las horas que se daba cuenta de su realidad; "la mariguana era como una vitamina para mi; sueño y hambre" me dice.   A los trece años la probó y como sanguijuela quedó consumiéndola desde que despertaba hasta que dormía; "era algo que me robaba la calma".

Hace una semana que esta limpia;  "no crea no es fácil porque el diablo me las pone". Cuando camina por el barrio siente el olor y "se me mete pero yo le reprendo en el nombre de Jesús".

A pesar de haber fumado mariguana frente a sus hijos apuesta a que ellos no lo harán; "no pueden fumar mariguana". Hoy tiene tres hijos; unos gemelos de ocho y un bebe de tres cuyo padre está detenido,  los dos embarazos fueron de hombres distintos.  Me cuenta que abortó su primer bebe cuando era adolescente, en ese entonces ella tenía diecisiete y su novio trece años.

No hay respuesta gubernamental
Como periodista es frustrante descubrir, especialmente después de haber constatado la problemática en los barrios bajos, que ninguna entidad estatal cuente con un monitoreo, plan de seguimiento o programa científico que logre estadísticas eficaces en atención social a los jóvenes en riesgo o a adolescentes embarazadas. Existen esfuerzos que emanan de las oficinas de algunas instituciones en forma aislada, también se percibe el trabajo de organizaciones no gubernamentales, o las iglesias, pero no de una oficina autónoma que integre esfuerzos y logre una continuidad en los proyectos.

Se perciben escritorios refrigerados a la espera o detección de las personas en riesgo que a través de segundas instituciones son referidas a la  Secretaria Nacional de Niñez, Infancia, Adolescencia y Familia SENNIAF u otras oficinas del MIDES, pero poco trabajo de campo se invierte para intervenir directamente en las zonas rojas efervescentes donde se multiplican a diario estos casos.

Con respecto a las adolescentes embarazadas surge algo muy curioso; cada institución tiene sus propias cifras pero sin un análisis o cruce de datos entre ellas, es decir; el MINSA reporta los casos de atención prenatal aunque no incluyen los de la CSS; el MEDUCA coteja aquellas jóvenes que detecta en el sistema educativo, y además existe un subregistro de aquellas que no acuden a centros de salud para recibir atención médica que se acentúa en las comarcas y zonas apartadas.

¿Qué dicen las autoridades?
La asesora legal de la SENNIAF, Argelis Escudero es sincera al reconocer que las lagunas institucionales actuales impiden un registro científico de la problemática, luego entonces, sustenta que no hay programa que valga si no se cuenta con un instrumento eficaz que contabilice los resultados del programa.

Los esfuerzos están encaminados a reformar la ley 29 del 2002 por la cual se garantiza la salud y educación de la adolescente embarazada, que a juicio de Escudero presenta vacíos; "solamente se ubica en garantizar la salud y la educación, pero no implementa un seguimiento y monitoreo".

Es por eso que SENNIAF apuesta que al cambiar la legislación se podrían conocer datos tan básicos como; cuántas adolescentes se embarazaron de otros varones menores de edad,  cuántos casos son producto de incesto, cuántos menores son producto de distintas parejas, qué cantidad se engendraron por violación sexual, etc.

En este siglo, el país no tiene un desglose de estos datos, y tampoco se cuenta con un monitoreo científico de las jóvenes que desertaron el sistema escolar a causa del embarazo. Las jóvenes escolarizadas reciben atención a través de los 110 gabinetes psicopedagógicos pero hay poco seguimiento a estas chicas.

Otro subregistro incalculable brota con la cantidad de abortos anuales que se producen en el país.

En el 2013, según cifras del MINSA solo en enero y febrero  han  recibido atención médica 2,097 madres adolescentes.  Esto es un aumento significativo al compararlo con  los 10,502 casos registrados en el 2012.

Vale la pena resaltar que el MINSA podría atender a las chicas escolarizadas y las no escolarizadas pero, debido al desgreño estadístico, no se tiene identificada una posible duplicidad en los casos  que reportan  el MEDUCA y el MINSA.

En el mismo 2012 el MEDUCA registró entre primaria y secundaria 1,312 embarazos. Uno de cada cinco niños que nacen en Panamá, la madre tiene entre 11 y 19 años, el 97% son solteras.

"Es un error de todas las instituciones, no hemos invertido en bases de datos fuertes, estadísticas y seguimiento y monitoreo.  ¿Cómo vamos a abordar una problemática si no sabemos dónde estamos parados?" se pregunta Escudero.

Hace falta por tanto, un esquema de seguimiento a estas jóvenes para cerrar el círculo de pobreza, y  garantizar que esta nueva madre tenga derecho a la autorrealización; capacitarlas en el INADEH o AMPYME para que logren un sustento económico y llevarlas de la mano para encaminarlas con éxito, es probado que el entrenamiento per sé, no es una garantía.

INADEH y Mi Primer Empleo han capacitado a no menos de 500 mil jóvenes en 5 años, sólo 36,885 (7.3%) lograron sostenerse en sus empleos o autorrealizarse.

Hay 203,180 Ni-Nis (ni trabajan ni estudian) entre 15 y 29 años, de los cuales 78% son mujeres, muchas de ellas justifican su situación porque "no tienen quien se ocupe de sus niños". Por si fuera poco, datos de la Contraloría indican que del aumento de la población No Económicamente activa en los últimos ocho años el 27% fueron hombres y el 73% son mujeres.

El desempleo femenino también es un "catalizador" de la prostitución, enfermedades de transmisión sexual y embarazos precoces, así como el uso del sexo para crear dependencia económica.

El 70 por ciento de los hogares se rigen por mujeres solas, me dice la Dra. Rosa María Britton; ellas trabajan todo el día y desafortunadamente los hogares han quedado desintegrados, hay un problema muy serio con las madres solteras, esa clase social se pervierte porque no tienen mas espacio para educar a los hijos.

Cada día hay mas madres solteras adolescentes, hace falta un plan de prevención sexual que debe ser completo, "pero aquí se oponen totalmente a eso porque lo califican de inmoral", sentenció la doctora.

La procreación con parejas múltiples es un denominador común en estas comunidades, además un componente importante son las desventajas que rodean a las mujeres pobres y con baja educación.

Se presenta el fenómeno de utilizar a los hijos para retener al hombre,  tomar ventaja económica  y  sentirse queridas.  Muchas de las mujeres en su niñez sufrieron abandono de sus padres o incluso maltrato. Así surge un problema de autoestima, seguridad, y buscan con desespero alguien que las necesite.

Es muy frecuente ver que las mujeres que no vivían con un hombre al momento de quedar embarazadas, y aquellas con bajos ingresos y menos educación son mas propensas a tener hijos con diferentes hombres.

Un estudio del Banco Mundial efectuado en doce países de la región con estadísticas disponibles desde el 2005 al 2012 revela que entre 12 y 26 por ciento de las mujeres de 15 y 19 años han tenido un hijo o están embarazadas, esto hace un promedio del 20%.

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