viernes, 2 de noviembre de 2012

Competitividad vs corrupción, justicia y transparencia, ¿que pesa más?

El país ha mejorado significativamente su índice de competitividad logrando escalar 9 escaños. El mercado financiero y la fortaleza en transporte, puertos, e infraestructura han sido clave en esta evaluación donde Panamá abandona el sitio 49 para posicionarse en el 40 de un total de 144 países. No obstante otros indices como educación, salud, independencia de los poderes y transparencia aún tienen mucho que mejorar.

Según la calificación de World Economic Forum el país muestra avances significativos, incluso al comparar la deuda con relación al Producto Interno Bruto. No obstante, hay otros renglones rezagados de esta evolución como la justicia, la institucionalidad y la transparencia.

Contar con esta evaluación ayuda a la presentación de Panamá como marca país, pero a lo interno sabemos que hay una serie de cosas que hay que mejorar, y principalmente algunos empresarios perciben que no se ha aprendido a trabajar una buena coordinación entre el sector privado y el público, eso se debe entre otras cosas a los espacios políticos que se “pelean” en las entidades. En cambio otros países de América Latina han avanzado especialmente en los niveles técnicos donde se reúnen y discuten tareas con el gobierno para conciliar posiciones. Esta carencia en nuestro país, se debe a que tradicionalmente el sector privado no se ha involucrado directamente con las instituciones estatales en los procesos de toma de decisiones en forma sistemática. Y muchas veces el sector público se ve permeado por el pago de favores.

En cambio, si cada una de las partes contara con representantes técnicos motivados por una tarea de coordinación anticipada entre las dos partes los resultados serían mas prósperos. Un ejemplo de este escenario lo vimos recientemente en Colón, las partes no conciliaron posiciones, el sector privado había participado en algunas cosas, el sector político agregó otras y al final surgió un documento desconocido.

Se debe empezar por los niveles de participación, y tener en cuenta que cada vez que se cambia un ministro ingresan técnicos nuevos que deben iniciar de cero lo que avanzó su antecesor, los planes de acción por lo general no se continúan y llegan las improvisaciones. Supuestamente se debe tener un plan de acción uniformado que tenga la representación y la conciliación de las propuestas.

El mundo se ha vuelto muy complejo y hay que trabajar proyectos transversales. Las decisiones que antes se hacían a nivel presidencial o a través de un consejo de gabinete requieren de un nuevo engranaje capaz de desvanecer celos profesionales, protagonismos, y conflictos en el equipo de trabajo gubernamental donde al final el presidente en vez de gobernar queda siendo una especie de arbitro y mediador de peleas en el gabinete.

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