domingo, 19 de marzo de 2017

Las sociedades extranjeras, de su nacimiento a la agonía

La globalización hizo mucho más fácil a las empresas el movimiento de sus dineros en el mundo, a través de las offshores

Los directivos de una de las empresas más importantes en la actividad debaten su inocencia por -según ellos- haber constituido estructuras que facilitaron a sus clientes esquemas de sociedades anónimas y offshores, para manejar fondos o pagar la menor cantidad de impuestos, aprovechando los beneficios de la Ley. La Fiscalía Segunda Contra el Crimen Organizado acusa a Ramón Fonseca y Jürgen Mossack, socios principales de la firma, al igual que a Edison Teano, encargado de la fiduciaria del bufete, y a María Mercedes Riaño, representante del bufete en Brasil, entre otros, por el presunto delito de blanqueo de capitales, para lo cual se valieron de estructuras corporativas y financieras creadas por la firma, que sirvieron para ocultar activos de origen sospechoso.

Las offshores -sociedades anónimas que no tienen operaciones dentro del territorio donde fueron creadas- son un invento de ingleses y holandeses en la década de los 70's, para las jurisdicciones del Caribe, a las que se denominan International Bussines Company (IBC). Estas sociedades proliferaron en las Bahamas, Niue e Islas Cayman, las que tienen el 90% de dichas figuras. También tuvieron auge en muchas otras jurisdicciones, como Panamá. Las del Caribe, en su mayoría, "se trata de ex colonias de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que cuando se dieron los primeros principios de descolonización, se creó la legislación para originar un centro financiero en esos lugares con el propósito de enriquecer sus economías que vivían meramente del turismo", señala el abogado Adolfo Linares, un defensor acérrimo del sistema panameño, que mira como una amenaza y conspiración las nuevas políticas que emanan de la OCDE que pretenden emplear cada vez más controles a esta actividad, hasta debilitarla o erradicarla por completo. "Querían que tuvieran una economía basada en las 'offshore financial center' que ha habido en estas islas, pero con el tiempo, más las presiones de la OCDE, convirtieron sus sociedades IBC en sociedades anónimas como las de Panamá", indica Linares.

UNA FIGURA SEGURA
Las potencias crearon el sistema para tener vehículos flexibles que protegieran al inversionista, y mantuvieran la confidencialidad de quien estaba detrás de las sociedades. Eso ha servido para mil razones, ilustra el banquero Eloy Alfaro. "En la Segunda Guerra Mundial, las sociedades panameñas permitían proteger el patrimonio de las familias contra la persecución nazi; o cuando Nicaragua se volvió comunista, o para protección patrimonial, ideológica, de seguridad o por razones fiscales", explica Alfaro. La verdad es que, efectivamente, donde hay países que por distintas razones esquilman a sus ciudadanos con tasas impositivas muy altas,"estos buscan sociedades que les dan discrecionalidad para que en el país que dispuso un régimen impositivo muy alto, apliquen estos mecanismos para defenderse de los impuestos exagerados. Puede ser ético, o no ético", dice Alfaro.

La globalización hizo mucho más fácil a las empresas el movimiento de sus dineros en el mundo, a través de las offshores. La confidencialidad era un complemento, un gancho exitoso para atraer clientes a la banca. Esta vorágine de la actividad se sumó a la creación del centro financiero en Panamá, durante el mandato de Omar Torrijos. "Lo inventaron unos 'banqueros de afuera' para desarrollar actividades comerciales legítimas, con fundamento en que la Ley permitía atraer bancos internacionales ya fuera con licencia internacional o general, para funcionar desde una plataforma regional, lo que interesó a muchísimos bancos", dice Alfaro.

LA ELITE BANQUERA
Nelson Roquefeler, mientras fungió como gobernador de New York, Estados Unidos, fue uno de esos 'hombres de afuera' a los que se refiere Alfaro, que en el marco de una gira latinoamericana visitó Panamá y se reunió con la comunidad financiera y empresarial local. El Centro Financiero de Panamá servía también a las grandes élites del mundo, ofrecía todas las ventajas de confidencialidad de la época y brindaba sitios seguros para resguardar las riquezas de los grandes empresarios.

En aquellos años, al inicio del sistema, eran permitidas las cuentas cifradas donde existía un grado de confidencialidad mayor y el banquero no estaba obligado a revelarla a nadie más que a las autoridades de instrucción. Otros países no permitían la banca internacional en sus países, pero en Panamá, desde la construcción del Canal, había bancos norteamericanos que operaban en tierra istmeña.

EL EFECTO DE LAS 'OFFSHORE'
Con el tiempo, las sociedades offshores proliferaron en los protectorados de las grandes potencias y de países pequeños que legalizaron el sistema. Los poderes globales, no obstante, se reestructuraron. El modelo implementado fue benévolo con el flujo de riquezas a estos lugares libres de impuestos, lo que contribuyó, entre otros factores, a sangrar las economías de las potencias. Hoy pagan los desarrolladores del modelo, y no sus creadores.

Ningún paraíso fiscal subsiste sin la entrada de dinero, de eso viven. Otra de las grandes ventajas de las offshores es que una empresa domiciliada fuera de su país de origen puede aprovechar las ventajas fiscales donde establece su sede, o donde físicamente instala una actividad industrial, lo que ha causado que las grandes potencias traten de aplicar controles para evitar la evasión de capitales. El problema es que estas excolonias o protectorados tienen quién los defienda, pero la cuerda se rompe -asevera Alfaro- por el lado más débil. De las sociedades creadas por Mossack Fonseca, solo el 20% se encontraba en Panamá; el resto, en cientos de bancos alrededor del mundo.

‘Ahí esta el problema' -dice Alfaro- ‘porque las grandes potencias defenderán lo suyo, pero Panamá no tiene una potencia que la defienda, y tampoco se defiende ella misma'. Lo único que ha ayudado al país es el cumplimiento de las regulaciones impuestas. "Es la excusa que ha empleado Estados Unidos para penetrar el sistema con argumentos de lavado de dinero y terrorismo; así logró el control de las operaciones, sobre todo en efectivo, hasta el punto de hacerlas ridículas", acota el también banquero Alfaro.

EVOLUCIÓN
Algunos especialistas consideran la Ley de Sociedades Anónimas -que data de 1927- una copia del sistema norteamericano instalado en el estado de Delaware, donde más del 60% de las empresas de la lista Fortune 500, y más de la mitad de las empresas que cotizan en la bolsa, se crearon ahí.

Alfaro, de la firma Tapia, Linares y Alfaro, explica que "las razones de la existencia de las sociedades anónimas es que ofrecían -y hasta ahora lo hacen- un vehículo jurídico para que los inversionistas se agrupen y hagan un negocio en el que cada dueño tiene acciones en la sociedad y tiene derecho a tomar decisiones según haya sido acordado en el pacto". En las grandes corporaciones, al hacer públicas dichas acciones, cada comprador tiene un título de propiedad que permite distribuirlas y venderlas. Además, el modelo brinda la posibilidad de mantener en confidencialidad los nombres y patrimonios de los verdaderos dueños. Un secretismo que hoy en día, según el consultado, se ha demonizado.

Durante muchos años no hubo necesidad de conocer con la debida diligencia quién hacía uso de una sociedad. Todas se vendían a otros abogados, bancos, contadores o similares, y estos a su vez a sus clientes o a intermediarios que tenían otros clientes. La forma de controlar quién y qué hacía con una offshore, o sociedad anónima, era prácticamente imposible, así como lo hizo la firma Mossack Fonseca y muchas otras en este país.

Existen jurisdicciones que tienen sociedades locales y extranjeras. Pero en Panamá esto no es necesario; la misma sociedad que se utiliza para manejar un negocio fuera del país, es igual a la local. Lo atractivo de Panamá es que el sistema tributario solo grava impuestos de dividendos dentro del territorio, mas no los ingresos obtenidos fuera de sus fronteras. Cada dueño de una offshore debe atender los impuestos dentro de su jurisdicción, o del país donde reside. "Así es conveniente como vehículo de inversión. Las 'offshores' proliferaron por el lado del sistema tributario' añade Alfaro".

EL BOOMERANG
Desde la década de los 90's la OCDE ha presionado a los paraísos fiscales para que compartan información a través de tratados bilaterales. Hasta el 2008, la mayoría de los paraísos fiscales se rehusaron a firmar estos tratados. Durante la crisis financiera la lucha contra la evasión fiscal se volvió una prioridad en los países ricos, quienes arreciaron su campaña contra el secreto bancario. Así, en abril de 2009, la OCDE tomó la batuta para exigir a los paraísos fiscales firmar al menos 12 tratados de intercambio de información, amenazándolos con sanciones económicas. A finales de 2009 los paraísos fiscales habían firmado un total de 300 tratados.

Estados Unidos, dice Alfaro, "siempre quiso desestabilizar esa ventaja tributaria de Panamá -que la tienen ellos también en algunos estados"- pero la panameña se volvió muy popular para muchas cosas, como el abanderamiento de barcos, por ejemplo. En algunos casos la sociedad permite, por discreción, el compartimiento de bienes y dividir la propiedad en distintas sociedades para evitar el riesgo.

Gabriel Zucman, autor del libro 'La riqueza oculta de las naciones' (The hidden wealth of nations), explica que hoy en día cerca del 60% de las fortunas escondidas en Suiza pertenecen a europeos. Las cuentas numeradas se han transformado en fideicomisos, fundaciones y sociedades fantasmas. Y estos entes están domiciliados en Panamá, BVI, Lichtenstein y otros paraísos fiscales. Los cálculos de especialistas como Zucman, aseguran que la evasión de las grandes corporaciones asciende a casi seis mil millones de dólares, fugados a países con régimen de baja o nula imposición fiscal. Esto genera una gran pérdida para las naciones europeas y Estados Unidos, cuyos gobiernos ven que los evasores gozan de impunidad.

Zucman indica que los paraísos fiscales son centros esenciales en la cadena del engranaje capitalista, utilizados por los poderosos del mundo. No hay nada que se pueda hacer; siempre habrá un país en el que se pague menos impuestos, o alguno que no tipifique en forma penal la evasión fiscal, como Panamá. El dinero siempre va a buscar un paraíso fiscal, dice el especialista. De igual forma, el capitalismo sin los paraísos fiscales es una utopía, y las imposiciones fiscales están destinadas a fracasar a menos que se aplique el proteccionismo. Esta última es la corriente de Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

En resumen, Zucman propone tres alternativas para equilibrar el orden tributario mundial. La primera consiste en que los países descapitalizados por la evasión tributaria sustituyan estos ingresos con los impuestos de la clase trabajadora, desangrando a la clase media; una segunda alternativa es que los países afectados impongan sanciones igualmente proporcionales a los montos que guardan los paraísos fiscales en sus arcas; y una tercera, obedece a la presión internacional: evidenciar las riquezas que se esconden en estos sitios, para que sus dueños paguen sus impuestos donde les corresponde.

El también profesor de la universidad de Berkeley señala que los escándalos como los Panama Papers, y las revelaciones de las fortunas de políticos y empresarios, harán que estos sitios aceleren su muerte. La crisis del 2008 determinó la intención de levantar el secreto bancario, y así las empresas multinacionales se verían obligadas a abrir sus libros y pagar al fisco lo que le deben.

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