viernes, 19 de febrero de 2016

Centroamérica sucumbe ante el crimen organizado

Panamá no solo se perfila como paso obligado de las drogas ilegales hacia el mercado de EE.UU. 

Los carteles de la droga y la delincuencia organizada han tomado control de zonas geográficas en las que imponen su propia ley. Estos espacios se han convertido en sitios de convergencia de las rutas terrestres o marítimas y depósitos de grandes cantidades de carga ilícita destinada a Estados Unidos y otros mercados, que llegan a su destino a través de túneles. Así lo revela el estudio ‘Drogas, armas y dinero' (Drugs, Guns and Cash), elaborado por un conjunto de organizaciones guatemaltecas como el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif), el Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN), la Fundación para el desarrollo de Guatemala (Fundesa) y la Fundación G.

Las organizaciones criminales, agrega el reporte, tomarán el control de los mercados agrícolas e industriales de la región centroamericana, determinando precios y formas del comercio, al tiempo que Estados Unidos perdería su posición e influencia en Centroamérica. El informe alerta que de no tomar medidas inmediatas, la región vivirá bajo la amenaza de transformarse en estados fallidos por el poder que tienen las organizaciones criminales que operan en la zona.

Como resultado, agrega el documento al que tuvo acceso este diario, ‘en la región se crearía el narcoterrorismo y otros cuasi estados. Los esfuerzos para detener esta evolución deben ser inmediatos y globales, si se quiere tener resultados', añade.

El texto señala que ‘la carnicería experimentada por México y Colombia está a la puerta de América Central con criminales cuyos recursos son mayores hoy en día'.

Sin embargo, la crisis puede solucionarse con una inteligencia cohesiva, compartiendo estrategias y tácticas operativas combinadas. Las iniciativas deben ser conjuntas porque es imposible que los esfuerzos aislados tengan éxito, como hasta ahora se ha demostrado', apuntan.

La lucha contra el crimen organizado debe ejecutarse sin fronteras que dificulten el enfoque holístico y que hagan caer en perpetuas instancias burocráticas que son copadas fácilmente por los criminales, recomiendan.

PANAMÁ
La posición geográfica de Panamá convierte al país en paso obligado de drogas hacia el norte. El país también se ha caracterizado por ser el sitio preferido de reunión para hacer negocios en torno al trasiego de drogas sin que esto represente un riesgo para sus actores.

La vulnerabilidad de las fronteras, la debilidad en las instituciones del Estado y la impunidad son los elementos que se toman en cuenta para explicar el crecimiento del crimen organizado.

Jeremy McDermott, codirector del centro de investigación sobre crimen organizado en América Latina, InSight Crime, considera que Panamá ‘es todavía un sitio para hacer negocios de narcotráfico. Es fácil entrar, tiene buenos hoteles. Los compradores de todo el mundo prefieren usar a Panamá como territorio ‘neutral' para hacer negocios ilegales. Y Panamá todavía tiene mucha importancia para el lavado de activos. Es muy fácil crear compañías y fundaciones panameñas que se utilizan para hacer compras, mover dinero, etc.', sostiene.

‘Como boca del embudo que lo une al mayor productor de cocaína, el trasiego por nuestro país, no se detendrá. Como uno de los factores criminógenos de alto impacto, las drogas que se quedan en Panamá, incrementarán la violencia entre las bandas por el control de territorios y las consecuentes represalias contra aquellos que pretenden arrebatárselas', indica Severino Mejía, miembro del Observatorio de Amenazas Asimétricas de la Universidad de Panamá.

Mejía coincide con muchos de los expertos que opinan que la guerra contra las drogas ha fracasado.

‘El empleo de la fuerza armada en otros países así lo ha demostrado. La única manera de detener el negocio de las drogas es disminuir la demanda en los países consumidores. En el caso de Panamá, que no es un mercado importante, la estrategia debe orientarse hacia un esfuerzo integral entre las agencias de inteligencia de los países productores, de puente de trasiego y consumidor', explica.

El istmo ha efectuado un gran papel en el decomiso de drogas en su ruta hacia los Estados Unidos. El año 2015 decomisó más de 58 toneladas de drogas, según estadísticas del Ministerio de Seguridad. ‘Es apenas un ‘pellizco' de la gran cantidad que pasa la frontera hacia el norte, el mayor consumidor de drogas en el mundo. No solo Panamá es un puente de trasiego estratégico, sino también la subregión centroamericana. No importa el medio utilizado, esta región es clave para que la droga llegue a manos de los carteles mexicanos que la canalizan hacia los Estados Unidos', insiste Mejía.


Según el estudio, en las últimas décadas, el istmo ha sido una importante conexión para el transporte del tráfico de drogas hacia Estados Unidos. La Estrategia Internacional para el Control de Narcóticos reportó que los traficantes se las han arreglado para traficar droga a través del poco controlado sistema de transporte que incluye aeródromos, costas y puertos de contenedores, que con el tiempo han contribuido al incremento del tráfico. Las FARC también han sido un factor que nutrió este delito. Muchos de los integrantes de ese grupo guerrillero colombiano cruzan libremente la frontera entre Darién y Colombia. La organización, que está a punto de abandonar las armas para firmar un tratado de paz con el Gobierno colombiano, controla casi el 70% de la coca en ese país.

INFLUENCIA DE LAS FARC
‘Desde la presencia de las FARC en Panamá el tráfico se ha incrementado en grandes cantidades. A pesar de que las costas están siendo vigiladas por el Servicio Nacional Aeronaval, las FARC han adoptado nuevas formas para introducir la droga al país. Estos puntos vulnerables amenazan la seguridad y estabilidad de la región Centroamericana', indica el informe sobre crimen organizado en Centroamérica.

La pregunta millonaria que se hace McDermott sobre el desarrollo del crimen organizado en Panamá es si existen estructuras netamente pa nameñas que prestan servicios de lavado de activos para el crimen organizado transnacional. Las investigaciones del centro liderado por el experto apuntan que los panameños están trabajando como contratistas para las redes criminales.

LOS ACTORES
El estudio recuerda que existen varias organizaciones que operan en Centroamérica. Además de las pandillas Calle 18 y MS-13, hay presencia de organizaciones criminales extranjeras.

Durante el último año, señala la información, se han detectado nuevos rastros de los poderosos carteles mexicanos que se han adueñado de varias rutas en la región.

Según varios reportes de arrestos y decomisos de droga, hasta el año pasado no hubo un monopolio de un cartel mexicano que tuviera control del tráfico por América Central.

Los Zetas, por ejemplo, son muy activos en varios puntos de Guatemala, donde realizan entregas por tierra y corto alcance aéreo y el cartel de Sinaloa, el más poderoso en transporte de cocaína de México, opera en rutas desde Panamá a El Salvador.

‘Puede ser que en ocasiones veamos a los mismos integrantes del cartel en Centroamérica, o a locales que trabajan en varias fases de la operación del tráfico. En El Salvador y Nicaragua, por ejemplo, han sido arrestados nacionales que operan para el cartel de Sinaloa encargados de varias fases de la ruta hacia El Salvador', dicen los analistas.

En Panamá, una reciente investigación terminó con el arresto de varios mexicanos que habían llegado recientemente a la zona para monitorear de cerca las operaciones de la ruta.

En Guatemala, no obstante, es donde los carteles mexicanos permanecen más a sus anchas que en cualquier otro país de la región por las relaciones entre Los Zetas y Los Kaibiles guatemaltecos.

Las instituciones débiles y la impunidad son una carta abierta en el istmo para el tráfico, que ha utilizado el territorio por décadas para mantener su estabilidad.

Sin embargo, los carteles han adoptado cada vez más formas violentas de acción y los casos de violencia común, como homicidios, robos, y narcomenudeo, son más complicados por la presencia de los carteles que han transformado algunos de estos delitos en ajusticiamientos y redes colaterales de tráfico humano, secuestros y extorsión.

La región se enfrenta a grupos criminales poderosos en ocasiones mejor organizados y con más presupuesto que los cuerpos de policía locales.

Entre las recomendaciones de los documentos consultados, destaca la necesidad de agrupar recursos regionales para combatir a grupos ilegales supranacionales, con capacidad de retar a los gobiernos. Las conquistas democráticas, advierten, enfrentan una nueva amenaza que requiere un plan regional.

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