miércoles, 20 de mayo de 2015

Petaquilla sin compradores

Las reservas de oro que quedan en el Molejón se acercan a 200 mil onzas según los directivos de la empresa. La minera adeuda casi $70 millones a obreros y acreedores que reclaman sus pagos. El Mici dio un plazo de 180 días a la empresa para atender la situación

El metal dorado resplandeció como nunca antes en la minera Petaquilla Gold a inicios del año 2010. Dos factores claves se conjugaron en aquel momento: el precio internacional del oro que superaba los mil dólares por onza, y la extracción de la parte más rica de la veta, la tierra que guardaba el mayor grado de concentración de oro o ley, como la conocen los mineros.

En tres años, Petaquilla Gold reportó ventas al Ministerio de Comercio e Industrias por casi $217 millones.

“Solo en tiempos de la colonia española hay registros de que se extrajeron veintiun toneladas de oro en un periodo de cincuenta años”, indica Rodrigo Esquivel, exdirectivo y asesor legal de Petaquilla.
Fuera de este precendente, nunca se habían extraído y exportado las cantidades de oro y plata que realizó Petaquilla Gold. El yacimiento que explotó la empresa tenía aproximadamente 700 mil onzas de oro.

Las ganancias tocaron el cielo cuando la onza de oro rozó los mil ochocientos dólares. Eso fue en el 2011. Así se cotizó por dieciocho meses seguidos.

Cada semana, en la “sala de oro” de Petaquilla, el último punto de producción de la mina, se producían de cuatro a siete lingotes, con una pureza superior al sesenta por ciento de oro y el resto de plata. Cada bloque de oro pesaba de treinta a cuarenta kilogramos. Un ritmo sin descanso que continuó por cuatro años, hasta que empezó a escasear el gramaje por tonelada.

Pero no todo lo que brilla es oro. “El negocio tiene su ciencia”, indica Eric De León, un trabajador pionero en la mina, que hoy sufre su parte más amarga. “Si tu tienes un mineral con seis gramos de oro por tonelada y otro de menor calidad, se debe mezclar y promediar para alargar la vida de la mina”, indica. “Richard Fifer no hacía caso”. acotó.

Por añadidura, según la versión de los exdirectivos de la empresa que dirigió Fifer entre 1997 y 2014, la falta de recursos truncó los planes de crecimiento, las ganancias no retornaban. “Yo no estuve de acuerdo en la forma en que el señor Fifer, encargado de las decisiones principales de la mina, disponía del dinero de la empresa”, recalca Esquivel.

Petaquilla producía oro y lo exportaba a Canadá donde se refinaba y un “broker” lo vendía. Pero esos fondos iban directo a España y Portugal, donde se habían hecho de dos concesiones. Los dineros no regresaban a Panamá, explica el exdirectivo.

Hecho en el que coicide otro de los directivos. Raúl Ferrer, indica que a Panamá se enviaba lo mínimo que requería la empresa para funcionar y el resto del dinero lo enviaba Fifer a donde él lo controlaba, por ejemplo a España o Portugal. “Eso era para robarse la plata de la empresa”, sentencia Ferrer.

LA AMBICIÓN COSTÓ CARA
Estas situaciones acabaron con las finanzas de Petaquilla Gold, que en diciembre de 2013 cerró la explotación. En la superficie permanecen aún toneladas de material, que según los directivos, guardan cerca de cien mil onzas de oro sin procesar.

La explotación restante, empero, es de baja ley y debería mezclarse con material de nueva extracción y mejor calidad para que sea rentable. Además, debe ser procesado por un método distinto al utilizado hasta ahora, que requiere millones de dólares en infraestructura.

Pasó algún tiempo antes de que los directivos tomaran conciencia de que el infierno estaba por llegar.

La ley no era buena. “Había oro en la planta pero comenzaron a desviar el dinero de Petaquilla para otras cosas. No había como mover el mineral y se procesó lo poquito que había por ahí. Los dueños recogieron sus equipos porque no les pagaban”, recuerda De León. Se vislumbraba el final de una esplendorosa temporada. La empresa cerró sus puertas el segundo trimestre del 2014.

Adeuda doce millones de dólares a los obreros, otros cincuenta a los acreedores y proveedores.

SITUACIÓN LABORAL
Lo primero que hacía Eric De León al entrar al trabajo era revisar que el material que pasaba por las máquinas tuviera el tamaño adecuado; si el cianuro tenía el pH requerido, no menos de diez, porque al inhalarlo causa intoxicación, y así muchas tareas más que le impedían descanso.

Eric De León, es uno de los mineros más antiguos de la mina. Trabajaba, al igual que sus compañeros, turnos de doce horas. Entrar en la mina era como ingresar a un hoyo negro: “uno se pierde en el tiempo”, cuenta el trabajador. La carga de trabajo era tan intensa en los años pico de producción “uno podía encontrar un periódico de hace tres días y la noticia era fresca”, dice en forma jocosa De León.

El trabajo era difícil, no importa el sol o la lluvia, unos minutos para comer y uno por uno, para no detener el proceso.

Al igual que otros 600 obreros y administrativos, De León está a la espera del pago de sus quincenas.

Los trabajadores interpusieron una demanda ante el Ministerio Público por retensión de coutas de la Caja del Seguro Social.

Afirman sentirse secuestrados por la empresa. No los liquida y tampoco pueden renunciar porque tiene cerradas las puertas.

¿CUÁNTO ORO QUEDA?
Esa es la gran pregunta. De acuerdo a Rodrigo Esquivel, exdirectivo de Petaquilla Gold, aún hay por explotar más de 200 mil onzas sin contar las 100 mil que aún no se procesan. Nadie ha certificado eso, y como se dijo antes, procesarlo requiere de aproximadamente 20 millones de dólares para construir tinas de lixiviación, inexistentes hasta ahora.

De León relata que antes de que cerrara la empresa -los últimos seis meses- el porcentaje de ley, que era de 3.5 gramos por tonelada, bajó a menos de un gramo en la misma cantidad de material. Era un oro sin brillo.

“Lo que queda de oro no es mucho, y lo que hay, está bien profundo. Sacarlo requiere una inversión jugosa para poder llegar a la veta”, manifiesta el minero.

Y como en toda tragedia el “hubiera” parece pesar más que el oro en este momento. “Si se hubiese dado una correcta supervisión del Ministerio de Comercio e Industrias no tendríamos estos problemas” y se conocería con precisión las reservas, se lamenta Zorel Morales, presidente de la Cámara Minera de Panamá.

Lo urgente, según Morales, es hacer lo antes posible una valoración de los activos y pasivos de Petaquilla Gold a través de instituciones especializadas en la materia, certificadas, para que su informe sea aceptado, incluso, en la bolsa de valores de Canadá.

“Estamos a expensas de la buena fe de lo que la empresa nos está diciendo” con respecto a las reservas, manifiesta Morales.

¿QUIÉN QUIERE COMPRAR ESE DOLOR DE CABEZA?
Anel Bolo Flores era uno. A través del fideicomiso Arsenica, el empresario bananero y político se dejó deslumbrar por el negocio en un momento determinado de la historia de la mina. Estaba dispuesto a invertir hasta 25 millones de dólares para cumplir con los primeros compromisos financieros pendientes.

Sin embargo la oferta no convenció al Mici. Esa palabra: “hasta”, podría ser cualquier número. Una iniciativa comercial ambigua, difícil de aprobar en la Contraloría. Al parecer, hay cierta desconfianza por la cifra que se ofreció.

En la entrevista no habla de sus potenciales socios, tampoco está dispuesto a discutir temas técnicos con este diario, pero asegura que estuvo a punto de hacerse con la concesión de Petaquilla Gold, que vence en el 2017, confiando en los reportes de activos y pasivos que le proporcionaba la empresa. Un due dilligence a su manera.

“Los informes dicen que la mina es salvable”, dice Flores. “Según los números que Petaquilla Gold nos ha facilitado, y que han sido corroborados por entidades extranjeras, la mina posee más de 200 mil onzas de oro. Eso al mercado de hoy son doscientos y pico millones de dólares”, indica Flores.

Cuando este periódico preguntó sobre las reservas de Petaquilla, Flores respondió: “Es una posible negociación que se estaba dando pero hay muchas cosas que no tengo porque decirle porque son confidenciales”, acotó.

Sorpresivamente, durante la entrevista, confesó, sin embargo, que retiraría la oferta.
— No la voy a compar, dijo
— ¿Un negocio de $200 millones dejó de ser atractivo?— preguntó este diario.
—Que lo haga otro. El problema más grave es el tema ambiental, se justifica el empresario por haber soltado el depósito de oro.

El Mici había solicitado al interesado una propuesta en firme, pero, es posible, que La Estrella de Panamá haya conocido antes que el ministro de la retractación de Arenisca.

En tanto, y para evitar que la propiedad sea hipotecada, el Mici colocó una marginal a la concesión en el Registro Público. Lo que intenta, es allanar el camino al próximo inversionista. Además, evitar que la empresa se desentienda de los compromisos con los proveedores y obreros. “El Mici tiene derecho a extinguir la concesión”, asegura Morales.

Pero no lo ha hecho. Hasta ahora ha dado a la empresa 180 días -prorrogables- para que subsane la situación.

En un año vence la concesión. Por ahora, el Mici no tiene prisa en contratar una consultoría para que evalúe el escenario, hecho que daría credibilidad a un posible nuevo adjudicamiento de la concesion.

Cualquiera puede imaginar que Flores tenía en mente hacerse de la concesión y renegociar con acreedores y otros inversionistas. La era del oro pasó para Petaquilla.

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