lunes, 25 de noviembre de 2013

La seductora cintura que abrazan los carteles

Los grupos criminales mexicanos tienen presencia en 47 países del mundo, y cuando se instalan en un territorio hay varias razones que lo justifican.


Los bajos sistemas de control, el margen de impunidad y la pobre gobernabilidad política hacen a Panamá un país atractivo para los carteles, se ha detectado la presencia de cuatro grupos mexicanos El hombre entró a un restaurante ubicado en una de las principales avenidas de la capital panameña donde atendería una reunión de negocios. Afuera lo esperaba su chofer, ambos de pinta extranjera.

Carlos Morfín se sentó en una de las mesas mientras aguardaba a una persona. Eran pasadas las cuatro de la tarde, la hora en que sin saber Carlos cambiaría de vida. Antes, otros tres sujetos habían peinado el área para planear la estrategia y dejar todo cuadrado para cuando llegara el preciso. Carlos Morfín pidió una Coca-Cola y se sentó a esperar la muerte.

EL CASO
Cuatro años atrás habría librado otra sentencia, no divina, sino la del Juzgado Décimo de Circuito de lo Penal panameño, que declaró ilegal su detención después de que uno de los implicados en el caso se hiciera responsable de casi una tonelada de cocaína que la Fiscalía de Drogas, en conjunto con la policía panameña, habían hallado en su residencia en Bethania, un barrio de clase media alta en la capital del istmo. La titular del Juzgado es la jueza Zaida Cárdenas y su suplente, Anselmo Castillo. Por esos mismos tiempos el Juzgado Décimo daba más que hablar, la jueza Cárdenas recibió una queja de Ladys Castro, una funcionaria del despacho que la acusaba de vaga, de no resolver nada, de hurtar los útiles de la oficina y de otras irregularidades y acciones delictivas que no especificó.

La droga hallada en la residencia que alquilaba Morfín estaba envuelta con el logo ‘Royce R’. Al ser sorprendido intentó sobornar a los guardias para que lo dejaran en libertad, pero no pudo, por más potestad que tuviera en ese momento dentro del clan, en la vida legal no le funcionó. Lo metieron al bote.

A pesar del encierro Morfín no corrió con tan mala suerte, se consiguió una abogada que había trabajado como fiscal en el Ministerio Público, Ester María de Uribe, y antes de cumplir el año en la chirola, a finales del 2005, recuperó su libertad, y con ella, también se libró del interrogatorio que pretendía hacer el juez instructor federal Giorgio Bomio de Suiza, quien solicitó a los magistrados de la Corte panameña la urgente localización del tapatío Morfín para indagarlo personalmente o acompañado de funcionarios de la policía suiza. El hombre sería cuestionado en calidad de testigo en un caso de narcotráfico que seguían los helvéticos contra un colombiano, amigo de Morfín, y otras personas más. La solicitud de los Alpes llegó a manos del magistrado José Troyano, quien se encargó de redactar el exhorto que provenía de Berna, Suiza.

La resolución que aprobaba la diligencia europea tenía fecha del 25 de septiembre del 2005, pero como caso curioso el instructor suizo solicitaba que el cuestionamiento se efectuara en el mes de junio del mismo año. La contradicción en las fechas nadie sabe explicarla, ni el instructor suizo supo entender por qué no se logró la diligencia a pesar de que las autoridades mexicanas le habían notificado a Bomio que Morfín había caído preso en el istmo con un cargamento de 758 kilos de cocaína. Antes de que llegara ese momento el mexicano se había encargado de mover sus costosas fichas para evadir la justicia. Él era otra ficha importante en el cartel de Sinaloa.

Su abogada Ester María no recuerda cuándo se realizó el juicio abreviado en el que Morfín se limpió de semejante embarrada, tampoco ‘tiene las ideas claras’ sobre cómo se logró la excarcelación, y colgó el teléfono antes de que su memoria le iluminara si el instructor suizo logró concretar la ansiada diligencia acompañado de la policía helvética.

Cuatro años después, un martes por la tarde cuando terminaba el mes de octubre, Morfín tomaba una Coca-Cola en una mesa del restaurante Jade cuando entraron tres sujetos vestidos con bata blanca y lo ajusticiaron. Le dieron tres balazos, uno en la cabeza, otro en el pecho y otro más en el abdomen. Hasta ahí llegó el hombre, quedó tendido en un charco de sangre, rodeado de curiosos y de los dependientes del lugar que comentaban haber escuchado más de tres disparos.

Entrando a los 30 Morfín no logró librar la batalla más importante de su vida: la muerte. Los sicarios escaparon en una camioneta blanca que aguardaba afuera del local. Su muerte quedó impune como casi la totalidad de los homicidios del país, cuyos expedientes apilan los escritorios de las fiscalías de homicidio del Ministerio Público en Panamá. En casos como el de Morfín, es imposible hallar a los autores del crimen, a veces es mucho mejor nunca encontrarlos por miedo a represalias.

Noviembre no era el mes de la buena suerte para Morfín; en diferentes años el hombre cayó preso, un juzgado en Jalisco le remató la casa, y en la víspera, tres hombres lo abalearon.

La astucia para librar la justicia no se basa solo en un golpe de suerte, también se hacen presentes esas rendijas por donde fluye un torrente de estrategias que logran esquivar los rigores de la ley y las penas máximas, pero hay una de la que no se escapa nadie: la justicia divina. En el 2004 Morfín entró a Panamá por el aeropuerto de Tocumen en calidad de turista, así como los más de siete millones de pasajeros que utilizan este aeropuerto cada año para ingresar al país o como punto de tránsito.

UNO DE LOS PREFERIDOS
Los grupos criminales mexicanos tienen presencia en 47 países del mundo, y cuando se instalan en un territorio hay varias razones que lo justifican: se establecen para poder limpiar su patrimonio en sectores como la construcción, los juegos de azar, el sector minero, el turismo, actividades donde pueden legalizar sus dineros. También prefieren países que proveen insumos para la producción de bienes como drogas o servicios, y donde hay una base logístico-operativa para la producción y transporte de bienes. Dos de las tres razones por las cuales los narcotraficantes instalan su base de operaciones están en Panamá.

Es una tierra de servicios, cuenta con la infraestructura que requiere cualquier persona, incluyendo a los narcos, para hacer sus negocios; es el corazón de las Américas partido por un canal interoceánico que desafía todos los días la tiranía de la distancia, sobre sus aguas navegan casi 312 millones de toneladas métricas de mercancía al año a cualquier parte del mundo; desde sus puertos en ambos mares salen y entran miles de cargueros con millones de contenedores a cualquier parte; cuenta con ferrocarril que hace las veces de un canal seco interoceánico, autopistas, un hub aéreo en expansión, un centro financiero internacional que lo componen más de 90 bancos cuyos activos son cuatro veces superiores al último presupuesto nacional del Estado. Por la cintura de América pasan 18 mil kilómetros de redes de fibra óptica submarina que distribuyen información a Norteamérica, la zona franca en el Atlántico representa el 19% del Producto Interno Bruto nacional desde donde se importan y reexportan aparatos electrónicos, productos químicos, bebidas, tabaco, muebles, ropa, calzado, joyas, etc., que se sirven de cualquier ruta marítima en honor a la globalización.

AUTORIDADES LAXAS
Es un país capaz de prestar todo tipo de servicios, y entre estos se incluye la forma de hacer llegar un kilo de cocaína y sacarlo hasta la raya con Costa Rica por cualquier vía, se hace a través de ‘mulas’ cargadas hacia Europa o Estados Unidos, vía terrestre en tracto-mulas, contenedores o couriers, o por lanchas rápidas.

En Panamá, a diferencia de otros países, no operan carteles locales con jerarquía y ramificaciones internacionales donde los subalternos aprenden mucho más que la moda impuesta por sus patrones, pero se manejan rutas, crueldad en homicidios y torturas, hay códigos, y de no contener el fenómenos podrían nacer este tipo de organizaciones.

Edgardo Buscaglia, un catedrático en sus cincuentas que dicta clases en el ITAM, es uno de los más perseguidos a la hora de hablar sobre seguridad y narcotráfico; además, tiene una visión muy particular de cómo se mira Panamá desde afuera: ‘los grupos criminales se han instalado en Panamá porque tiene muy pobre gobernabilidad política, muy bajos sistemas de control aduanal, policial’; por tanto, para los grupos criminales es tentador instalarse en estos lugares donde corren mucho menor riesgo.

Se instalan porque pueden cometer 22 de los 23 tipos de delitos enmarcados en la Convención de Palermo, pueden corromper al Estado, usan al sector privado con igual sencillez para hacer sus cosas, ven a Panamá como un lugar de refugio, de cerrar negocios, un sitio de reuniones, y quien piense que la droga es el causante de esta situación, está equivocado; no se terminará su presencia en estos lugares aun si ningún gringo volviese a inhalar el polvo blanco por su nariz. La razón es que pueden operar con un margen de impunidad dependiendo de qué tan alto sea el nivel de corrupción o de compromiso entre el delincuente y las autoridades.

CARTELES EN PANAMÁ 
Panamá se sitúa entre las naciones donde los narcotraficantes ‘pueden lavar o esconder sus dineros mal habidos y tiene también la desdicha de tener la presencia de grupos criminales mexicanos donde establecieron una base de transporte y distribución de drogas que viene de Ecuador, Colombia’, comenta Buscaglia. El narcotráfico, por tanto, también es el lado oscuro de la globalización, es la apertura ilícita del otro lado de la moneda donde se borran las fronteras y se mueven los capitales.

Sobre los grupos mexicanos que operan en Panamá, Buscaglia enuncia al cartel La Confederación de Sinaloa, la más importante del hemisferio occidental con presencia en 46 países en cuatro continentes; además se registra ‘presencia importante de los demás grupos como el de Tijuana, El Golfo, los Zetas, y la presencia no tan importante pero sí relevante del cartel de Tijuana’, que aunque se encuentra debilitado figura en Panamá.

Por eso, cuando el heredero de la organización criminal de los hermanos Beltrán Leyva declaró que controló la ruta marítima Panamá - México (Colombia - Panamá - Costa Rica - México) y que llegó a traficar más de una tonelada de cocaína al mes, muchos rezaron para que no siguiera hablando. Edgar Valdés Villareal, alias ‘La Barbie’, reveló que en Panamá, donde mantenía una oficina, también se efectuaron varias reuniones donde participaron capos colombianos y mexicanos para cuadrar sus negocios, hecho que no sorprendió a muchos. Pero cuando ‘La Barbie’ anticipó sobre las redes de protección y corrupción policiaca que por años han apoyado sus ‘labores’ en varios estados mexicanos y en el exterior, no habrá sido otra sorpresa que en Panamá muchos políticos de alto rango y autoridades policiales se hincaran para que el narco cerrara la boca.

CENTROAMÉRICA Y RUTAS 
Después de que el gobierno colombiano efectuara una agresiva acción de destrucción de plantíos de cocaína, el mapa de la producción se transformó. Uno de los principales productores de pasta de coca es Perú, de ahí la mandan a Colombia para transformarla en cocaína, esa es una de las alternativas. Luego también Bolivia está en el mismo cuento que Perú que produce la pasta y la manda a Colombia. En Bolivia también hay laboratorios donde le dan los últimos detalles a la pasta de coca y la transforman en cocaína.

Uno de los cerebros de la inteligencia que ideó la estrategia del Bloque de Búsqueda y posterior captura del emblemático capo Pablo Escobar, general Luis Enrique Montenegro, no tiene duda de que la presión de la policía colombiana ha orillado a los narcos a buscar refugio en Panamá. Quien ha sido el encargado de luchar contra los carteles más crueles de su tierra, el de Cali liderado por los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, y el de Medellín con Pablo Escobar al frente, conoce el significado que tiene el istmo para los delincuentes. Los colombianos prefieren a Panamá como refugio más que para hacer negocio de drogas porque ‘las normas son laxas, débiles, y buscan donde no los puedan perseguir’. Aunque con esto el general no acusa al istmo de estar metido de lleno en el narcotráfico, afirma que es una realidad que los delincuentes, incluyendo a los colombianos, buscan países como el nuestro para evitar la persecución. La huida les proporciona por tanto, un sitio ‘seguro’ para estar y un trampolín que los conecta con Centroamérica.

Pero el problema es que en este momento México no es un país fácil para que se llegue la droga que sale de Colombia rumbo a los Estados Unidos. Entonces, ¿cuál es la alternativa según Montenegro? Centroamérica.

La región con sus problemas de maras, dice el general, recibe la droga y la envía directamente a Estados Unidos. Cuando se complica el escenario existen siempre nuevas alternativas en el negocio; la ruta de África. Desde éste continente vulnerable la droga se envía a Europa. Antes éstas sustancias entraban por España pero la ruta ha quedado disminuida debido a las debilidades institucionales que presenta África.

Ese es el mapa que hay en este momento. Muchos mafiosos colombianos y mexicanos huyeron para Centroamérica. En Honduras hay presencia del cartel de Sinaloa, acota Montenegro. Y agrega como reafirmando su tesis: ‘es más, capturas duras que se han hecho no han sido en Colombia; a Wilber Varela lo mataron en Venezuela, los otros que han cogido no ha sido en Colombia, ¿eso qué implica? Que la gente está huyendo debido a la acción que hay especialmente en Colombia’.

LAS BOTAS DEL GENERAL 
A principios de los noventa, cuando en Colombia el ciudadano de a pie vivía atemorizado de su propia realidad, el también exdirector del DAS, la agencia de inteligencia de Colombia, recibió una carta de Pablo Escobar. La policía cada vez le respiraba más cerca del cuello, y el capo sentía un cerco del que ni las botas que tenía infiltradas en las filas de la policía podían salvarle. La misiva de dos hojas con firma y huella de Escobar en tinta azul solicitaba en esa forma particular en que los mafiosos suelen hablar entre líneas, que dejara en paz a sus familiares ‘pues si se presentan desapariciones de mis seres queridos, no tendré contemplaciones con las familias de quienes sean responsables de estos hechos’. Montenegro leyó la carta y de inmediato envió a su familia al exterior, pero él no escapó al miedo y continuó con en el Bloque de Búsqueda que tenía ubicado a Escobar. Montenegro es de aquellos policías de carrera que no se ‘tuercen’. El general es un cólico para los narcos.

EL AJEDREZ DEL NARCO 
Hace apenas dos años dejó de ser asesor a sueldo del gobierno de Felipe Calderón. Era quien le hablaba al oído al ex Secretario de Seguridad Pública en México Genaro García Luna, y aconsejó enviar al frente al ejército para combatir al narco, indicación que costó miles de vidas en ambos lados y una infinita lluvia de críticas al gobierno de Calderón. El General no participó en la captura de varios capos, pero conoce el ajedrez de los grupos criminales; ‘se dice que hay una alianza entre el cartel de Sinaloa con el cartel del Norte del Valle allá en Colombia y bandas criminales. Todavía los Serna (la organización de los ‘‘Comba’’) están vivos y se dice que hay alianza con el cartel del Chapo Guzmán y las bandas criminales’ en el negocio del narcotráfico.

Buscaglia completa el rompecabezas y menciona que la federación de Sinaloa en gran medida y el Cartel del Golfo intentan desestabilizar a los gobiernos democráticamente electos, son multinacionales del crimen, pero además tienen poder, sentenció. Es un fenómeno viejo pero la escala operativa y el poder patrimonial y por ende la capacidad de capturar a los estados y hacerlos suyos por ganar dominio económico y territorial, hace que la estabilidad misma del sistema político e institucional de los países cause un riesgo.

Peligros que merman cuando prima un Estado de derecho que asegure el mejor funcionamiento de las agencias de inteligencia con los fiscales y jueces para que predomine una mejor eficacia en el combate al crimen organizado. Éste delito se vence respetando los derechos humanos, con la colaboración de la ciudadanía sin que ésta perciba a una policía corrupta; de lo contrario, se silencia cuando nota que existe una autoridad violadora de los derechos humanos.

El narcotráfico se debilita cuando se atacan las finanzas y bienes de los grupos criminales, cuando se ataca la corrupción al más alto nivel, cuando se tienen programas de prevención social, cuando los gobiernos se preocupan por atender a la población con programas de salud, educación y trabajo, cuando se ataca a las empresas legalmente constituidas que brindan una base logística a los grupos criminales, cuando se deja de escuchar a los abogados quejarse de las ‘tarifas’ que cobra el juzgado para cualquier trámite o inclinar la balanza hacia una de las partes, se merma cuando se perciba un Estado de derecho, cuando se respetan los derechos humanos, cuando los jóvenes dejen de deslizarse a las pandillas porque los gobiernos no brindan alternativas en el factor laboral, cuando los criminales dejen de operar con impunidad, cuando se empiecen a atacar los factores de riesgo que estimulen a la adicción, cuando los adolescentes dejen de empuñar un arma para servir a los criminales porque sienten que ir a la escuela es perder el tiempo.

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