lunes, 19 de diciembre de 2011

Causa justa, ¿para quién?


Nunca se conoció la cantidad de víctimas y desaparecidos de la invasión estadounidense a Panamá, una deuda pendiente con el pueblo.

Una de las frases mas ridículas de nuestra historia es el nombre de la operación que utilizó el gobierno norteamericano para invadir nuestro país; “causa justa”.

Hace 22 años la perfecta excusa fue la muerte de un soldado estadounidense, que para George Bush padre ponía en riesgo al resto de la tropa compuesta por 35 mil uniformados.

Se pretendía sacar al hombre creado a semejanza y antojo de las agencias norteamericanas y  que  por muchos años sirvió para sus intereses anti izquierdistas mientras  traficaban con cocaína y se lavaban miles de millones de dólares.  Pero cuando se salió de control se convirtió en un ser desechable.

La consigna del norte era liberar al pueblo panameño del dictador, pero de la mano mutilaron miles de vidas sin que nadie pudiera registrarlas en su totalidad.  El insoportable olor a muerto se sentía por las calles, sin importar el sitio donde se respiraba.

Mas repugnante ha  sido  el comportamiento de las autoridades en ignorar el numero de muertes producto de la  invasión, nunca, ningún gobierno se molestó en devolverle al pueblo su dignidad con un recuento serio de los hechos.  Un capítulo oscuro, con una realidad aún desconocida,  que pareciera esconderse bajo el manto de la impunidad norteamericana arropada por la complicidad de los gobernantes posteriores.

Odio los fuegos artificiales porque me recuerdan el sonar de las bombas que caían y los misiles que pasaban entre los edificios.  A lo lejos lo único que permitía ver la noche eran las llamas que salían de Chorrillo.

Nunca hubo un perdón, todo parecía justificarse con la salida de un hombre, la desarticulación del ejercito panameño, y la extracción de cualquier evidencia que delatara las actividades al margen de la ley que hacía la CIA en Panamá.  El resto no importó.  Tampoco la anarquía, el caos, el saqueo y lo que siguió a la invasión militar.  Si la causa justa consistía en preservar la integridad de los militares americanos, nunca se pensó en las comunidades de civiles que quedaron chamuscadas producto de las bombas. Miles  terminaron en fosas comunes, la mayoría sin identificar.

¿Qué recuerdos vendrán a la mente de MAN después de haber estado en prisiones extranjeras todos estos años?.   Seguramente serán miles, al igual que en la de los chorrilleros y demás civiles que vivimos este cruel capítulo.   Posiblemente en esta ocasión, por la presencia de MAN, estarán mas frescos que otros años, pero a pesar del tiempo,  aún no  he logrado  encontrar una “causa justa” a la muerte de miles de anónimos olvidados hasta por quienes se proyectan como los mas patriotas e idealistas.

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